22 de Marzo de 2026

Opinión

Diferencia entre Maternar y Cuidar

Fecha de publicación: 16/Marzo/2026 | Autor: Paulina Domínguez

Ilustración de Paulina Domínguez, madre cuidadora y activista por la visibilización de esta labor

Cuidar no es lo mismo que maternar. Ser madre implica acompañar el crecimiento de un hijo con la expectativa de que, con el tiempo, logre autonomía. Cuidar, en cambio, significa sostener la vida de alguien que quizá nunca alcance esa independencia. Yo lo vivo cada día con mi hijo con discapacidad. Mientras otras madres hablaban de la primera vez que sus hijos caminaron solos o de las preocupaciones de la adolescencia, mi día a día estaba marcado por terapias, citas médicas y rutinas eternas. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo en México (ENUT), las mujeres destinamos en promedio 39 horas semanales al trabajo de cuidados no remunerados, casi el doble que los hombres. En el caso de una madre cuidadora, esas horas se multiplican porque el cuidado especializado no se detiene nunca.

Maternar es enseñar, acompañar, disfrutar de los avances esperados. Ser madre cuidadora es vivir una vida completamente centrada en el cuidado y las necesidades especiales de nuestro hijo con discapacidad, es vigilar que las medicinas se tomen a tiempo, que las terapias se cumplan, que coma, que duerma. Es estar alerta a cada detalle porque un olvido puede tener consecuencias graves. El desgaste físico es evidente, pero la carga mental pesa más porque nuestra mente nunca descansa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que los cuidadores de personas con discapacidad tienen un riesgo mayor de sufrir ansiedad y depresión justamente por esa carga constante.

El costo económico también marca la diferencia. La discapacidad es cara en México. El gasto en salud representa alrededor del 42% del gasto total, uno de los más altos de América Latina. Para una familia cuidadora, eso significa que gran parte del ingreso se va en terapias, medicamentos y aparatos médicos como sillas de ruedas, andaderas, férulas, etc. Muchas veces, uno de los padres —casi siempre la madre— debe dejar su empleo o reducir su jornada. Eso se traduce en menos ingresos y más gastos. Pasamos de ser solo madres a convertirnos en enfermeras, terapeutas, maestras, psicólogas, nutriólogas, etc.

La sociedad suele invisibilizar nuestra labor. La gente piensa que cuidar es solo una extensión del amor materno, cuando en realidad es un trabajo especializado, complejo y demandante que solo termina con la muerte de alguno de los dos. Esa confusión deshumaniza el esfuerzo y perpetúa estigmas. 

Aunque el amor por nuestro hijo es inmenso, la frustración y el miedo hacia el futuro se entrelazan con los momentos de alegría. Muchas madres cuidadoras encuentran difícil compartir su vida con los demás, amistades o familia, porque es complicado que quienes no están en esta situación entiendan su rutina diaria. El Estado no logra ofrecernos el apoyo necesario, la burocracia, la falta de presupuesto y la escasez de servicios inclusivos y accesibles terminan por aislarnos. Y entonces, descansar se vuelve un lujo.

Insisto, maternar y cuidar no son lo mismo. Maternar es un rol esperado, con etapas y metas claras. Cuidar es una responsabilidad que nos exige habilidades técnicas, resistencia emocional y recursos económicos que pocas veces tenemos. No solo somos madres, sino también somos cuidadoras que necesitan apoyo, comprensión y herramientas para seguir adelante. 

Queremos cuidar sin dejar de vivir, porque nuestra vida también importa, porque cuidamos mejor cuando nosotras nos cuidamos. Reconocer esta diferencia es el primer paso para construir una sociedad corresponsable, donde los cuidados dejen de ser invisibles y se conviertan en un tema central de política pública. 

Y para ti, que no eres cuidador y que estás leyendo esto, si tienes la oportunidad de ayudar a una persona cuidadora para que tenga un tiempo propio, aunque sea un par de horas a la semana, hazlo, le hará mucho bien. No nos dejen cuidar solas.