Opinión
Cuando la escritura manual es un privilegio
Fecha de publicación: 17/Marzo/2026 | Autor: Isabel del Castillo Solís
Advertencia: las opiniones aquí vertidas son responsabilidad de su autora y provienen de la observación y experiencias personales.
Desde personajes en redes que alardean de no poder vivir sin sus cuadernos hasta artículos periodísticos citando estudios publicados en revistas de psicología, está en boga la tendencia de resaltar las bondades de escribir “a mano”. Entiéndase la escritura manual, en los casos mencionados, reducida a la caligrafía o escritura haciendo uso de trazos.
Entre los argumentos más contundentes tenemos, entre otros, una mayor retención de conocimientos y establecer mejores bases para la lectura, además de una mejor coordinación entre el ojo y la mano, para ponerlo en palabras más simples. Todo bien, pero aquí suenan las alarmas porque sí, otra vez estamos generalizando.
Si bien todos estos poderes casi mágicos que ahora le atribuyen a la caligrafía surgen como límite al uso del teclado en pantalla, mi observación —no publicada en portales académicos, ni prestigiosos ni desprestigiados— me recuerda que este tipo de resultados también son válidos para métodos de lectoescritura distintos, como el braille, del que soy defensora a ultranza.
Pero a la tendencia no le gusta lo diferente que incomoda, lo que no parece bonito, lo que asusta, lo que no conocemos y nos hará pensar más de lo necesario. Escribir a mano en braille es costoso, en dinero y en espacio físico; esa es la verdad. También hay personas que no pueden hacer uso de sus manos y su mejor herramienta es un software de reconocimiento de voz, solo que son la minoría y, pues, ¿a quién le importa?
Eso no es disruptivo; o bueno, sí lo es, pero no nos gusta ese tipo de disrupciones. Así que mejor volvamos a las fotitos de peques activando su corteza visual con el correcto uso de la caligrafía y quitémosles las tabletas, porque son “del diablo”, no importa que todo lo redactemos en ellas para mandarlo a publicación.
Me consta la desconexión que puede provocar el uso temprano de dispositivos con pantalla táctil en las habilidades motoras y, en algunas instancias, afectar los procesos de aprendizaje; también lo lejos que están algunas infancias con discapacidad de acceder a esos juegos, en apariencia maravillosos, aunque eso es tema de otro cuento.
El punto es que comparto la opinión, pero no el método ni la generalización. Aquí hago un llamado a quienes crean y comparten contenidos en redes, a los investigadores, a quienes tienen la oportunidad de pararse frente a un micrófono y transmitir información: Cuestionen. Pregúntense si cierta actividad sobre la que están comentando tiene otras formas de llevarse a cabo, si solo yo puedo hacerla o cómo podría hacerla alguien más.
La tecnología nos ha dotado de mejores lentes, pero los seguimos empañando con los mismos sesgos de antaño.





