02 de Febrero de 2026

Cultura,Opinión

Cuando la discapacidad queda fuera del encuadre

Fecha de publicación: 22/Enero/2026 | Autor: María Nazaret

Ilustración de María Nazaret creadora de la iniciativa de los cubrebocas transparentes

Cada vez que se anuncian las nominaciones al Óscar no solo pienso en quiénes fueron reconocidos, sino también en quiénes no llegaron a estar ahí. El cine que se premia no es solo entretenimiento: es el que define qué historias importan y cuáles quedan fuera del encuadre. Por eso, la ausencia de narrativas, personajes y creadoras y creadores con discapacidad en los Óscares 2026 dice tanto sobre la industria como las películas que sí fueron nominadas.

Hablar de inclusión en el cine no es una moda ni una exigencia simbólica, sino una pregunta de fondo sobre quiénes tienen realmente la oportunidad de contar historias. Y este año, una vez más, la discapacidad no estuvo presente.

Las personas con discapacidad representamos aproximadamente el 15 % de la población mundial, una cifra significativa que nos invita a preguntarnos qué historias y voces siguen sin estar en el centro del cine.

Esta ausencia no es nueva ni casual. Refleja una industria audiovisual que sigue funcionando con barreras estructurales: pocas producciones con enfoque de discapacidad, escaso financiamiento para proyectos liderados por personas con discapacidad, castings poco accesibles y una narrativa dominante que continúa contando la discapacidad desde afuera, cuando decide contarla.

No se trata solo de ver más historias “sobre” discapacidad, sino de ver más personas con discapacidad creando cine. Actores, actrices, directoras, directores, guionistas y productores con discapacidad existen, están trabajando y están abriendo camino, pero siguen siendo minoría en festivales, fondos, academias y espacios de decisión. El talento está ahí; lo que falta es acceso, continuidad y confianza de la industria.

Hablar de discapacidad en el cine también nos obliga a mirar el mapa completo: qué grupos están representados, cuáles no, y en qué lugares de la industria se concentran las oportunidades. La discapacidad sigue siendo una de las grandes ausencias, tanto frente a la cámara como detrás de ella.

También hace falta revisar cómo se construyen los personajes. Durante años, la discapacidad ha sido reducida a estereotipos: tragedia, enfermedad, inspiración o superación. Son narrativas que simplifican experiencias complejas y que rara vez muestran a personas con discapacidad como personajes completos, con deseos, contradicciones, humor, errores y vidas que no giran únicamente en torno a su condición. Integrar la discapacidad en los guiones de forma natural sigue siendo una tarea pendiente.

El casting es otro punto clave. No puede haber representación real si los procesos de audición no son accesibles o si los personajes con discapacidad siguen siendo interpretados, en su mayoría, por personas sin discapacidad. La inclusión empieza desde ahí: desde abrir los castings, adaptar los procesos y buscar activamente a quienes históricamente no han sido considerados.

Y, por supuesto, hablar de cine inclusivo también implica hablar de accesibilidad. Subtítulos bien hechos, audiodescripción, lengua de señas y exhibiciones accesibles no deberían ser un gesto adicional, sino parte del estándar del audiovisual. La accesibilidad no resta valor artístico; lo amplía. Hace que más personas puedan ver, escuchar y vivir el cine.

El cine tiene el poder de ampliar miradas y de construir referentes. Pero para que eso ocurra, las historias de personas con discapacidad no pueden seguir siendo excepciones ni ausencias. Hace falta decisión, apertura y un compromiso real para que estas voces formen parte de la narrativa audiovisual de manera constante.

Productoras, escuelas, fondos, festivales y plataformas tienen un papel clave: apoyar proyectos, abrir castings, financiar historias y garantizar accesibilidad. La invitación es clara: dejar de mirar la discapacidad como un tema aparte y empezar a construir un cine donde todas las personas tengan lugar, frente y detrás de la cámara.

Mientras eso no ocurra, cada temporada de premios seguirá recordándonos lo mismo: que todavía hay muchas historias valiosas que el cine decide no mirar.