Opinión
Cuando el uno se vuelve in-soportable
Fecha de publicación: 13/Junio/2025 | Autor: Estudios Locos México
Corte 1: la vida es bella
Ni modo, hay que aguantar, pero aguantar o adaptarse a una sociedad que se encuentra enferma es el verdadero problema, mirar o incluso no mirar lo que realmente sucede es el juego perfecto de los medios, las notas rojas llaman la atención, pero de qué manera el tráfico, el ruido, la incertidumbre que da despertar, los pensamientos constantes que se mezclan con el cuerpo, hacen temblar, sudar, no dormir, y a veces —en casos más comunes— anhelar el terminar.
“Cuando salgo a la calle, la ‘paranoia’ me consume, vigilo a quien me vigila, las miradas, el acoso, es desgastante y abrumadora la cantidad de energía que tengo que poner sólo para sentirme más o menos a salvo. Miro un auto al otro lado de la avenida y creo que viene hacia mí, entonces cruzó la calle, tal vez sea más seguro del otro lado”.
Las personas se despiertan y no saben si hoy habrá comida, se viaja en el transporte con miedo a imaginar que ya no se podrá regresar, el día de hoy las noticias mencionan una tercera guerra mundial, el cambio climático, el crimen organizado, el narcotráfico, la pobreza, los feminicidios, el día de hoy amanecimos con la noticia que un joven fue golpeado brutalmente por dos personas solo por querer vender algo para llevar comida a casa, las personas gritan, manifestaciones, la mayoría de las y los jóvenes no podrán acceder a un hogar, ya no hay oportunidad de jubilarse, sino ahorraste te chingaste.
Tendrás que seguir trabajando hasta que mueras, si es que tienes la fortuna de trabajar porque el desempleo es abrumador, mil jóvenes se graduaron de la universidad y solo 10 de ellos pueden acceder a un empleo medianamente bien pagado, la explotación laboral, las 10 o 12 —o a veces 16— horas trabajando, el cansancio, la delincuencia, las deudas, el celular suena 10 o 12 veces al día, las riquezas están en manos de sólo el uno por ciento de la población, la meritocracia abunda y culpabiliza que si estas en el lugar que estás es porque no has trabajado lo suficiente.
“Vi un video hace poco que decía que si alguien quiere atraparte, lo mejor es correr en sentido contrario, me preparo, tengo gas pimienta en la mano izquierda, falsa alarma, todo en orden el conductor parece irse. Sigo mi camino atenta y con los músculos tensos, comienza a dolerme la cabeza, estoy cansada, hago tres horas de trayecto entre mi trabajo y mi casa y ni un segundo tengo paz. No quiero convertirme en una más, en una nota breve, en una imagen pixeleada en la sección de ‘personas desaparecidas'”.
Ya no se puede confiar en nadie.
La escasez de agua es cada vez más evidente, el dinero no alcanza, escuchas que una joven fue desaparecida, asesinada por su novio, por su padre, por su familiar. El Estado golpea y desaparece personas, no confías en la policía, ni en los militares, los políticos son los mismos, solo cambian de partido y se camuflan con otro color, solo tu te das cuenta, pero no puedes hacer algo, la basura, los perros abandonados, observamos como uno muere de desnutrición o como un sujeto agarró uno y lo azotó brutalmente contra el piso. No hay seguridad, las leyes no te respaldan si no tienes conocidos, otra vez no quedaste en la universidad o no conseguiste esa plaza que te pueda dar al menos un poco de estabilidad económica, tu maestro te acosa, los estudiantes son asesinados y criminalizados, los activistas son desaparecidos, las madres buscadoras son desaparecidas, es un país sin ley.
“Al día siguiente, vuelvo a salir rumbo al trabajo, soy docente comunitaria, llego al centro donde nos reunimos con un grupo de mujeres que desean aprender a leer y escribir, pregunto por Juana, ‘¿dónde está Juana?’ Una compañera me dice que no ha llegado, que se le hace raro. Apenas unos días antes le había dicho que sí, que estaba decidida a presentar su examen para obtener su certificado de secundaria. Le costaba escribir, durante años había consumido sustancias psicoactivas, pero nos dijo que le quería echar ganas por sus dos hijos pequeños, dijo también que pronto dejaría a su esposo, que ya no quería más golpes que bordar la tranquilizaba, pero ese día no llegó”.
Los comentarios en redes sociales mencionan que qué bueno, pues no van a poder revivir a sus hijxs, de que sirve, hay que resignarse, las y los niños mueren en Gaza, pero también mueren en tu calle, los tiktokers y youtubers son mejor pagados. Hay canales donde desperdician comida, mientras tú cuentas tus pesos para comer, viajan por el mundo, los futbolistas tienen sueldos exorbitantes, los cantantes de narcocorridos compran tigres y/o animales exóticos y tú apenas tienes para darle de comer a los perros en situación de calle, mañana es otro día y lo que pudimos narrar solo fue lo que pasó hoy, mañana será otro pero no hay problema, tú tienes que aguantar y darle color a tu vida.
“Apenas habíamos hecho un convivio con todas las mujeres del taller, algunas de ellas tenían. discapacidad motriz o intelectual, por condiciones causadas por violencias. Comimos, bailamos, reímos y después volvimos al mundo, ese en el que no siempre hay comida en la mesa. Donde algunas les daban refresco a sus hijos para que no se durmieran del cansancio por la anemia. Ese mundo hostil donde por unas horas un espacio educativo les daba un respiro, les hacía lugar, al menos por unas horas”.
Juana no llegaría nunca más al taller, no terminaría de aprender a escribir, y su ausencia no fue un misterio, lo sabíamos: su ausencia fue producto de las veces que el sistema, la sociedad, y este mundo, le fallaron.
Corte 2: échale ganas
Uno de los comentarios que mayormente se usan para desacreditar todo eso que pasa es “deja de pensar tanto, no puedes hacer algo para cambiar el mundo”, lo que no se ha entendido es que no es para cambiarlo, es: “por qué son todas esas cosas con las que se tienen que ir viviendo”.
Quizás se pueda hacer mención respecto a cómo es que se vive de esa manera, los mecanismos que se usan para desdibujar el tipo de realidad a la que nos enfrentamos son variados, dales la segunda temporada de la serie que habla sobre aquel narcotraficante que desafió toda autoridad, dales una liguilla de fútbol, ahora pon a varios famosos que están viendo 24 horas al día y transmítelo por televisión abierta, pero también dales miedo, no pueden protestar, no se puede gritar, medícate, toma antidepresivos, ve al psicólogo, intérnate en el psiquiatra, se feliz, no puedes cuestionar el sistema porque evidentemente eres tú el que no puede adaptarse a esta sociedad, deja de preocuparte, no podrás cambiar la sociedad, mejor deja que te mate.
Entonces, ¿qué es el suicidio realmente?, ¿es el suicidio una alternativa a no ser asesinado por la sociedad?, ¿quiénes recurren a este como una forma de resguardar lo poco que solemos tener?
“Sentí frío, un hilo de sangre pendía de mi boca, mis ojos se cerraban con tanta pesadez pero extrañamente sentía paz y tranquilidad a diferencia de mi pecho que convulsionaba y golpeaba el piso con tanta fuerza que las costillas en cualquier momento podrían partirse, una extraña sensación de que todo aquel sufrimiento estaba siendo diluido en mi garganta, entre pastillas y sentimientos que dejaban de ser nudos, el ruido dejó de ser ruido, un zumbido que parecía melodía me invitaba a bailar, mis manos dejaron de hormiguear, temblaban sí, no sé si por el movimiento exacerbado del pecho, pero mi cuerpo percataba esos sutiles movimientos, (movimiento que quedo impregnado incluso al escribir estas líneas)”.

“No voy a mentir, nada pasaba por mi mente, ni mi familia, ni amistades, no hubo escenas de sufrimiento ni alegría, no pensé en el amor, la muerte, el tráfico, la tarea, la incertidumbre del ser en este mundo, inmundo”.
“Por fin deje de pensar, todo era sentido, todo tenía sentido, las corrientes caóticas del viento fueron visibles, el movimiento lento de aquel caracol con su concha rota que justo quedaba en el espacio de mi mirada, una flor, in-significante flor, su color rojo vibrante distinguible entre el césped, hasta el movimiento casi indetectable de este fue visible”.
“En un momento mi mirada cambió al cielo, hermoso e inmenso cielo, ¿alguna vez lo han escuchado? No visto, escuchado, hasta la fecha no he encontrado alguna melodía que pueda compararlo, hay algunas que se acercan, como space oddity de Bowie. Las nubes, ¿Cuántas veces me detuve a observarlas? Afortunadamente ese día no se veían ni aves, ni insectos, ni aviones invadiendo el cielo, solo espacio y tormentas de aire”.
“Si lo pienso detenidamente, lo siento, Y NO ES UNA DIS-CULPA, de verdad siento aquel vació-caótico y pausante movimiento entre cada golpeteo, sacudida, desborde, parpadeo entre burbujeante saliva color sangre. Sin putos pensamientos, ni la maldita idea que mi vida no ha valido ni un desgraciado momento de felicidad. Se fractura mi costilla al mismo tiempo que se fractura la idea de esta”.
Aún cuando existen narrativas/testimonios que expresen de distintas formas lo que pasaba, aún cuando muchxs antes de tomar esta decisión, buscaron alternativas que les permitieran sobrevivir, hablándolo, escribiéndolo, quizás en silencio pero, estando ahí, gran parte de la sociedad, a través de los medios o las redes sociales, buscarán criminalizar el suicidio y no la violencia y el malestar que genera ésta. No obstante, no solo queda en la criminalización, sino desde la burla o el humor, los comentarios que abundan en las noticias sobre este tema, representan la insensibilidad de una sociedad que está más preocupada por cumplir o sobrevivir que desde esta perspectiva, sólo son consecuencia de una sociedad que tratara de matarte y culparte por no poder adaptarte.
Casi todos los días en algún momento, llegan notificaciones en mi celular:
Notificación

Lo leo camino al trabajo, a casa, mientras hago tareas, en la fila del camión. Ya no es noticia, es rutina .Una persona sin nombre, que se arrojó, sin historia, sin contexto, se convierte en una interrupción del servicio.
Mientras a alguien se le detiene la vida, a otros se les detiene el viaje, y hay quienes se molestan: “Otra vez”, ¡qué egoísta!, ¿no podrías hacerlo en otro lado? Pero pocos nos preguntamos qué tan roto tiene que estar un mundo para que tirarse al metro sea la única forma de salir de un estado de desesperación.
Nos acostumbramos a vivir entre suicidios, entre estigmas, criminalización y desdén, a que los cuerpos caigan o “presuntamente se arrojen”, y las noticias digan apenas una línea. A que las campañas repitan “salvemos vidas”, pero no alcancen para resolver ni una.
Ya tenemos experiencia en desensibilizarnos, en mirar hacia otro lado, pero en lugar de preguntar por qué tantas personas deciden morir así, preferimos culparlas y así nos quitamos el peso de mirarnos como sociedad.
Corte 3: tienes todo para ser feliz
Según la OMS, para el año 2030, la depresión será la principal causa de discapacidad en el mundo, superando incluso a condiciones asociadas a discapacidad motriz, es decir el sufrimiento psíquico, ese que tantas veces minimizamos, ridiculizamos o medicalizamos.
Pero ¿cómo no va a ser así, si el mundo se está volviendo inhabitable?, y en lugar de cambiar las condiciones se psiquiatriza, se medicaliza, se encierra.
El otro día vi una campaña de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA) que decía: “Dale color a tu vida”, el cartel tenía colores vibrantes, rostros felices, mensajes positivos, seguido de una imagen con un número: la línea de la vida.

Pero ¿de qué sirve marcar una línea si no hay escucha real? Si lo que hay son protocolos fríos o derivaciones que no llegan a nada. ¿De qué sirve poner colores vibrantes en un cartel cuando el mundo es hostil, gris y precario?, ¿qué color tengo que usar cuando salgo con miedo, no tengo para comer o me agreden? El suicidio no es una problemática de actitud, ni un momento de oscuridad que se resuelve con un échale ganas, ánimo y colores.
Cuando una persona decide morir no es porque le falten colores, es porque le ha sido negada o arrebatada la justicia social.
Hablar de suicidio sin hablar de discapacidad es perpetuar la idea de que las vidas que duelen son defectuosas, es silenciar las causas sociales del “ya no poder más”, y eso también es capacitismo, eso también es violencia.
Porque nadie quiere morir, lo que muchas personas ya no podemos es seguir sobreviviendo así.
Estudios Locos México es un proyecto construido por personas locas que busca articular saberes sentipensantes en resistencia contra el orden psiquiátrico, desde la locura, a través de la escritura, la intervención, la investigación, el arte y todo tipo de expresión loca.
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