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Accesibilidad no es crear espacios para pcd, es que los espacios no nos excluyan: la deuda de la industria turística
Resulta casi imposible pensar en turismo accesible, mucho menos cuando se trata de experiencias en la naturaleza. Por eso, te compartimos un lugar que sorprendentemente reunió inclusión y medio ambiente.
Fecha de publicación: 16/Enero/2025 | Autor: Tania Sánchez,Alex Castillo
Es común que la lucha por los derechos de las personas con discapacidad (pcd) —sobre todo siendo una persona con discapacidad motriz— la enfoquemos en lo más básico, porque sí, nuestros derechos no están garantizados ni en lo más básico. El acceso a la salud, a la educación y al transporte no lo tenemos. Un ejemplo es la posibilidad de salir a la calle sin preocuparnos por banquetas o rampas invadidas, por calles hechas pedazos, mil obstáculos entre un punto y otro o barreras que requieren 500 por ciento más de esfuerzo para trasladarnos.
Sin embargo, el tema se vuelve más complejo cuando pensamos en la accesibilidad en panoramas “no comunes”. Por ejemplo, las pcd difícilmente podemos pensar en salir de la rutina, en una “escapadita” o unas vacaciones sin que las barreras para conseguirlo no se hagan presentes desde el primer momento. El capacitismo, la falta de interés y de preparación, la falta de leyes que prioricen no solo la accesibilidad, sino su cumplimiento, o la exclusión sistematizada, normalizada y hasta “justificada” impiden que las pcd seamos consideradas como consumidoras, como visitantes, como prospectos de clientes, como personas.
Siempre es complicado pensar en un descanso fuera de la ciudad. “Autobuses de pasajeros comerciales adaptados para usuarios de sillas de ruedas” En México no existen. “Vuelos que garanticen prioridad para pcd motriz” Solo pagando clase premier, primeras filas y sobre equipaje, aunque la Ley de Aviación Civil (LAC) garantice gratuidad para nuestros dispositivos inherentes a la discapacidad. Y es que ni pagando hay seguridad de que tu dispositivo de asistencia llegue sin daños; por otro lado, pedir su reparación e indemnización por los daños es un verdadero martirio en cualquier aerolínea.
“Hospedaje accesible” Hablemos de ello. En México muchos de los hoteles no tienen habitaciones accesibles con ajustes razonables para pcd motriz. Por ejemplo, Monterrey, que siendo una de las ciudades más importantes del país no tiene NINGÚN hotel que cuente con habitaciones adaptadas, NINGUNO, no importa si son grandes cadenas o locales, nadie cuenta con ellas. En Mazatlán, con una zona hotelera en general muy accesible, solo hay dos complejos que te ofrecen adaptaciones en sus instalaciones y habitaciones, pero uno de ellos “RIU” te cobra tu reservación, te cobra extra por la habitación accesible, pero no te la garantiza cuando llegues.
En CDMX una habitación promedio del Fiesta Americana Chapultepec cuesta 2,800 pesos a través de cualquier aplicación de booking, pero cuando llamas para pedir la habitación accesible, te cuesta 6,000 pesos. Lo mismo en Camino Real: una habitación accesible cuesta 6,800 porque ya entra en la gama “de lujo”. Y así, mil ejemplos de hospedajes poco accesibles y poco asequibles que terminan en discriminación y exclusión.
Hospedajes en la naturaleza, ni hablar. Si la accesibilidad la consideran un gasto en cualquier sitio, pensar en espacios adaptados en terrenos naturalmente inaccesibles suena a algo muy difícil de encontrar.
Recientemente nos contactaron por Instagram de un lugar llamado Glamping Espiral. Nos dijeron que sabían que en I Wheel Love U somos bastante críticos y que les gustaría poner a prueba sus instalaciones, ya que en teoría las diseñaron con medidas de accesibilidad para que las pcd podamos disfrutar de un espacio en la naturaleza no excluyente. Fue una sorpresa que quisieran tenernos como huéspedes, así que aceptamos y nos lanzamos.
Estar en un lugar donde no tengas que preocuparte por nada más que por disfrutar y pasar unos días de tranquilidad de verdad es algo que todos deberíamos poder vivir sin barreras.
Llegar a Glamping Espiral fue un sueño hecho realidad por todo, de verdad, por todo.
Pude desplazarme con seguridad, Ale estaba tranquilo por no tener que estar alerta cada minuto. Nos abrazó la accesibilidad que pasa desapercibida, nos dio un apapacho la arquitectura que en todos lados suele ser muy hostil. Que Ale haya podido disfrutar sin estar pensando cómo resolver cualquier barrera que solemos enfrentar fue algo de verdad hermoso.
Debemos luchar por nuestros derechos, por estar, por vivir, por poder disfrutar espacios y descubrir un mundo que a cada segundo nos discapacita o intenta hacerlo. Solemos estar siempre en preocupación constante por saber dónde sí seremos bienvenidos, y en ese lugar lo fuimos desde el primer momento.
Llegar a un espacio accesible en la naturaleza, que frecuentemente es excluyente y lejana, fue incluso algo nuevo para mí. Porque sí, hay paisajes a los que parece que solo estamos destinados a ver en fotografía. En Glamping Espiral, una pcd usuaria de silla de ruedas puede sentirse bienvenida. Es un espacio que te ayuda a abrir tu corazón y disfrutar, no solo por lo hermoso de sus instalaciones, sino porque las personas detrás de ello tienen un sueño que compartimos: disfrutar y crear un entorno inclusivo.
Creemos que este es un ejemplo de que las cosas pueden hacerse bien desde un inicio, que la accesibilidad no es crear espacios para pcd, sino crear espacios que no nos excluyan. Este es el ejemplo de que las empresas turísticas pueden y deben vernos como consumidoras y no como un gasto inútil. Un ejemplo de que la voluntad, el profesionalismo y la perspectiva de discapacidad pueden crear espacios que no excluyan a nadie.
Aquí un video de su experiencia en Glamping Espiral publicado en su cuenta de Instagram.
Tania Sánchez y Alex Castillo son una pareja en el universo de la discapacidad que crea contenidos para generar consciencia y visibilizar las barreras que enfrentan las personas con diversidad funcional en la vida diaria. Activistas por los derechos de las pcd y capacitadores en materia de accesibilidad.
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