Por Katia D’Artigues 

Se confirmó una cruel realidad: hay un brote de COVID-19 en un hospital psiquiátrico. Es uno de los más grandes de México: el Dr. Samuel Ramírez Moreno. Desde hace por lo menos tres semanas, gracias a la alerta que emitió Documenta (organización que ganó, incluso, un amparo para saber la situación de los 46 hospitales psiquiátricos del país) en Yo También habíamos estado al pendiente.

Pero este pasado viernes por la noche, pude hablar con un par de personas trabajadoras que confirmaron las sospechas. Con mucho temor a represalias, y también a estar contagiadas por la falta de insumos para su protección, se animaron a levantar la voz y me confiaron sus testimonios. Lo hicieron, sobre todo por cariño a sus pacientes. Al día siguiente hablé con una tercera persona. 

La historia que escribí el fin de semana —y que publicó el diario El País al considerarlo una buena y dolorosa historia— hace que hierva la sangre. Es la expresión de la negligencia hecha funcionarios de salud. Desde por lo menos el 8 de mayo tenían indicios de que tres pacientes de un ala de larga estancia, la 1A, donde viven personas con discapacidad psicosocial e intelectual abandonados por sus familias hace décadas. Pero se descuidó, no se le dio importancia y creció.

Hasta el último reporte que tengo hay ya cuatro personas que fallecieron: 3 personas de enfermería muertas y un paciente. Hay otros 6 casos de enfermería más confirmados y un médico. Hay 11 casos positivos de pacientes, siete ya fueron trasladados a dos diferentes hospitales.

De los 25 habitantes del Ala 1A ya solo quedan nueve, hasta ahora, sin síntomas. El suministro de cubrebocas, batas, equipos de protección personal, pende de un hilo —según las autoridades— y no se ha garantizado según el personal. 

Preocupa mucho lo que sucede en este hospital, pero también queremos saber lo que pasa en los otros 44 más. Esta semana supimos de otro brote en el Villa Ocaranza, de Hidalgo. 

Sabemos, por experiencias internacionales que lugares residenciales con población vulnerable como asilos para personas mayores, centros de detención de migrantes, centros penitenciarios, orfanatos y hospitales psiquiátricos deben ser monitoreados muy de cerca porque ahí la COVID (sí, ‘la’ porque es una enfermedad provocada por el virus Sars-Cov-2) se puede propagar de manera muy rápida por cuestiones de hacinamiento, falta de higiene, imposibilidad de mantener sana distancia. Nos urge información ya. Toda vida es valiosa.

Lo que sí sabemos es que personas que trabajan el hospital Samuel Ramírez Moreno han recibido amenazas por el chat que abrió el sindicato; pese a las promesas de la Secretaría de Salud de que habría insumos, no ha sido así y personal incluso está pensando en hacer un paro sobre la autopista México-Puebla al que dijo que se sumaría…. ¡el director del hospital, César Bañuelos Arzac! Sí, el mismo que fue el primero en desestimar tomar medidas de aislamiento cuando se supo que tres pacientes comenzaron a mostrar síntomas.

Desde aquí mi agradecimiento por su valentía a Inés, Josefina y Claudia (no son sus nombres reales, por protección) por haber levantado la voz. Mi reconocimiento a su valor para denunciar y su cariño a los pacientes con los que trabajan. Las abrazo con cariño. 

Esta semana también presentamos nuestro Anuario: un resumen de mayo a mayo de lo que hemos hecho en Yo También en este, nuestro primer aniversario. Estamos contentas con lo logrado y queremos compartirlo con ustedes y agradecerles a muchas, muchas personas su apoyo y colaboración. También les recordamos que ya estamos en la ruta final de recopilación de cuestionarios sobre cómo están viviendo las personas con discapacidad la pandemia. El cuestionario está aquí y te toma solo 10 minutos contestarlo. Agradecemos que la semana que entra se unirá al esfuerzo de difusión —vía sus chats de Whatsapp a familias— el Teletón y el apoyo que hemos tenido de muchas organizaciones y redes, como CONFE y la Red Nayarita de Personas con Discapacidad.


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