Por Katia D’Artigues

En junio, una joven con discapacidad psicosocial, Matilda, nos confió a Yo También una columna en la que reflexionaba sobre sí misma al vivir con trastorno límite de la personalidad. 

Matilda es una joven a la que admiro porque ha sabido encontrar una forma de vida que le da sentido a lo que vive: es una tatuadora profesional, una artista. No se oculta, por el contrario, se muestra. Aquí y en sus redes sociales. 

Nos confió en esta página lo que vivía con el confinamiento al que a todos nos ha obligado la pandemia y cómo para ella no era una barrera más e incluso le había permitido estar más tranquila.

Pero este lunes una publicación todo lo desvirtuó. Sí, desvirtuó. La publicación de Matilda es un texto esperanzador, claro y valiente en el que una joven adulta nos permitía asomarnos a una parte de su vida, a sus sentimientos y a los muchos retos que vive por su condición.

Esta publicación a la que no quiero ni mencionar, tomó su texto e hizo escándalo de la vida de Matilda dado que es la hija de una muy reconocida periodista. 

No les importa Matilda y lo que pueda sentir con su publicación, la redactaron con el estigma que aún hay que combatir con respecto a condiciones psicosociales. No se detuvieron ni un segundo a pensar lo que su “nota” podría detonar en la vida de una joven y de su familia. 

Contribuyen a desvirtuar lo que escribió ella y discriminan de paso a todas las personas con discapacidad psicosocial que son cada día más. Una de cada cinco personas en México viviremos, en algún momento, con ella y los números se incrementan con la pandemia. La Organización Mundial de la Salud ha alertado sobre ello: habrá, hay ya, una crisis de salud mental en puerta. Según datos de una encuesta de la Cruz Roja, 1 de cada 2 pacientes que sobrevivieron al COVID necesitarán apoyo psicológico. 

El usar la discapacidad como un descalificativo sigue siendo común. Otro ejemplo claro fue la reacción en Twitter para descalificar a una senadora, Lilly Téllez, del PAN, por la dura crítica que le hizo al subsecretario Hugo López Gatell durante una comparecencia ante la comisión de Salud al llamarlo “pequeño virrey del país de las camas vacías y los muertos en casa”.

¿Y qué usaron para descalificar lo dicho por Téllez? De nuevo una discapacidad. El trending topic para criticarla fue #LillyTéllezEsquizofrénica, donde, entre muchas cosas le echaban en cara que haya sido electa (ganó su campaña) por Morena pero por diferencias con la bancada decidió pasarse al PAN. También se dio otro hashtag para apoyarla en esa red tan polarizada, de extremos: #LillyTéllezMeRepresenta. 

Pero vaya que esta semana tenemos ejemplos claros y dolorosos de lo mucho que nos falta como sociedad para dejar de ver con estigma a las personas con discapacidad psicosocial. 

En contraste a ello, una organización “Sin Colectivo”, integrada por personas con discapacidad psicosocial que busca resignificar y reapropiarse con orgullo de la palabra “loco y loca”, lanzaron su Manifiesto 2020. Se los dejo por aquí.


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