El cambio climático la puso bajo los reflectores del mundo, y no solo puso en la mesa el tema del calentamiento global sino el de su condición, el síndrome de Asperger

Por Bárbara Anderson

Sus trenzas, su mirada profunda y su rostro desafiante. Con 16 años, Greta Thunberg llegó al tope de su popularidad esta semana como el gran imán durante la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas. 

Fue tendencia en redes (con una pelea rabiosa sobre los fanáticos y los detractores), el presidente de Estados Unidos se mofó de ella desde Twitter y ella le devolvió el balón con la misma falta de sutileza. 

Su tema es el medio ambiente y tiene un discurso potente contra las autoridades y su responsabilidad no asumida. 

Hace cuatro años fue diagnosticada con Asperger y no tiene empacho de compartir su diagnóstico con el mundo. Su condición está dentro del espectro autista, una condición del neurodesarrollo que supone la dificultad para comprender el mundo de lo social, sus códigos y sutilezas. “Me hace trabajar un poco diferente. Pienso de manera diferente, me ha ayudado a mantener este enfoque. Cuando estás interesado en algo, simplemente continúas leyendo y te sientes muy concentrado”, explicó en una entrevista meses atrás.

Su foco (que algunos consideran una obsesión) convirtió a sus huelgas escolares de los viernes en un movimiento internacional (Viernes para el Futuro) que ha movilizado a millones de niños y jóvenes en cientos de ciudades de todo el mundo. 

¿Qué opina la adolescente del momento sobre la sobreexposición que vive y el permanente encono en su discapacidad? “Para mí eso, de alguna manera, es gracioso. (Que se burlen) Es como si no les quedaran argumentos, así que tienen que burlarse de mí o de mi diagnóstico o mi apariencia. En cierto modo, es una señal positiva de que algo está sucediendo. Se sienten amenazados por este movimiento. Eso significa que estamos haciendo la diferencia”, dijo en otra entrevista.

Poder hablar en público y desafiar a un (cuándo no) incendiario conductor de Fox News que la presente como “una niña sueca mentalmente enferma de la que se están aprovechando sus padres y la izquierda internacional”, me parece muy poderoso. 

Hoy el Asperger es tendencia en redes sociales. Aunque sea por curiosidad o morbo, muchos habrán buscado el término, se habrán topado con la palabra autismo y hasta con términos como ‘neurodiversidad’. 

Para mí eso es tan valioso como su discurso del lunes pasado reclamando por qué le robaron su futuro. 

Lo cierto es que, nos guste o no su estilo, ella es quien domina la conversación y ha logrado poner en la mesa un tema que no es menor: una condición, una discapacidad no son una barrera para lograr ponerse metas. 

Que si es pagada por grupos de poder, que si es un personaje diseñado para echar gasolina a las redes y con ello aumentar audiencias, que si mira o no feo a Donald Trump, creo que son discusiones de segundo plano. 

El calentamiento global no es invento suyo, es real y ha sido un tema por años de cientos de organizaciones civiles. Pero es una bandera que nadie había enarbolado con manera tan flemática y contundente. 

Hace solo un año, era una adolescente más que se apareció con su chamarra amarilla y unos carteles frente al Parlamento Sueco protestando sobre el cambio climático. 

Ahora está nominada al Premio Nobel de la Paz y ha tenido más espacio en medios que muchos otros activistas, líderes y referentes internacionales.