Jean Maggi, paradeportista, activista y fabricante de bicis de mano

Por María Palacio/Argentina

Es argentino, nacido en Córdoba, por aquí le decimos Jean. Y como él se siente más “Jean” que Juan Ignacio, denominó a su Fundación JeanMaggi, que, en sus primeros cuatro años de actividad, parece mentira todo lo que ha logrado.

Aunque conociendo la osada forma de imaginar sus objetivos, “lo difícil se hace, lo imposible se intenta”, se deduce, como un silogismo lógico, que su fuerza, entusiasmo, energía, es igual a SÍ SE PUEDE.

Jean creció desafiando los impedimentos, palabra que eliminó de su diccionario escolar y, de sus convicciones. Cuando tenía un año, Juan Ignacio Maggi no pudo aprender a caminar. La poliomielitis afectó su motricidad para siempre.

Medio siglo después, en su bici de mano, serpenteó la cordillera del Himalaya y ahora trabaja para que otros niños con discapacidad también logren ponerse en movimiento a través de su Fundación JeanMaggi.

¿Cómo comenzaste con esta irrefrenable manera de ponerte en movimiento?

A los 37 años sufrí un infarto, que paradójicamente, salvó mi vida. Fue el quiebre para darle un giro a mis hábitos. Tenía una rutina de trabajo muy pesada, comía comida chatarra y mi cuerpo me mandó una alerta. Encontré en el deporte mi salvación, es mágico para una persona con discapacidad —para cualquier persona en realidad—, pero para alguien como yo que normalmente lleva el cuerpo a rastra, de repente, alcanzar tus metas, es magia suprema.

¿Aunque tu tenacidad demuestra que no hay magia?

Mis metas las alcancé con obstinación, esfuerzo, entrenamiento y acompañamiento. A mis 40 años —a tan solo tres del infarto— participé de mi primer maratón en Nueva York. Después no me paró nada, ni nadie. Maratones, pistas de esquí, paracaídas, tenis, basquet, golf, Ironman, y hace poco caballos, fueron y son testigo de esta forma particular que tengo de ponerme en movimiento.

¿Tuviste que esperar 50 años para aprender a caminar?

Fui el primer hombre en incorporar en Estados Unidos  un sistema biónico (el C-brace) en mis piernas. Cualquier movimiento que está mecanizado entre ustedes, por ejemplo, sentarse, para mí era un desafío. Por mucho tiempo había sido una obsesión lograr ponerme de pie y cuando lo logré me di cuenta que no era para tanto (risas). Es más, si hoy me dieran elegir entre un camión lleno de tiempo y otro con piernas, elijo el tiempo, sin dudarlo.

Con tu personalidad impetuosa y una voluntad fuera de serie, ¡llegaste a lo más alto del Himalaya!

En Challenge Himalaya, la película que documenta gran parte de este logro, se documenta mi preparación y mi historia desde niño. Uno de los testimonios es el de mi hijo mayor, Juan Ignacio, “Todo el tiempo demuestra que puede”, (dice él). Esto no solo me emociona, sino que me invita a contagiar a otros. Con este espíritu nace mi fundación y, en ella, se involucran personas que se animan a creer en metas superadoras.

¿Estás viviendo un gran presente?

¡Sin dudas! Haber inaugurado, recientemente, la primera fábrica de bicis adaptadas de Argentina es uno de los logros más significativos de este año. En ella ya tenemos nueve colaboradores con ciertas discapacidades que conforman un gran equipo de trabajo de SuperAdaptados. Tenemos tanto por hacer, ¡No dejó de pensar en nuevos proyectos! Mi mayor esfuerzo está puesto en lograr apoyo para la fabricación y entrega de bicicletas adaptadas para continuar con la misión de la fundación.

¿Hace poco fuiste noticia ya que una de los directores más importantes de cine argentino rodaría tu vida?

Sí, el propio Juan José Campanella (el director de “El secreto de sus ojo”, ganadora del Oscar a mejor película extranjera en 2009) y su excelente equipo de producción acaban de culminar el rodaje de “El límite infinito”, que es el nombre del documental sobre mi vida.

¿Seguramente proyectará esa naturalidad antinatural (válga la dicotomía) que tiene el protagonista?

(Risas) Sí, seguramente se verá algo de eso, pero lo que más satisfacción me da es que la película será vista por miles y miles de personas en el mudo que ojalá puedan advertir que los límites muchas veces nos lo ponemos nosotros mismos.

¿Te ves caminando por la alfombra roja de Hollywood?

Por qué no…