Angélica Lenz, 
conferencista motivacional
www.angelicalenz.com 

Por Cristina Calvo

A los 3 años, Angélica fue perdiendo gradualmente la vista a causa de distrofia de conos y bastones, una enfermedad degenerativa y progresiva de la retina, para la cual aún no existe ni cura ni tratamiento.

Si bien, como a muchos, su ceguera la llevó a vivir episodios difíciles a lo largo de su vida, aprendió a ser independiente y ahora acompaña a las personas que afrontan el mismo diagnóstico a emprender este proceso y descubrir nuevas capacidades.

“La pérdida de visión no es lo que nos limita, sino la falta de información, las falsas creencias y los prejuicios, tanto propios como de la sociedad, son los que obstaculizan el camino”, afirma. Madre de tres hijos, es coach internacional y autora del libro ‘El reto ante la pérdida de visión’.

“Cuando me dieron mi diagnóstico, a pesar de haber acudido a muchos especialistas, nadie nos dijo ni mis padres y a mí que existían auxiliares ópticos, productos parlantes, rehabilitación visual y por ello perdí muchos años hasta que poco a poco me fui enterando de todas las soluciones que existen.

“Por ello, mi rehabilitación fue muy tardada, inconstante y poco eficiente. Por eso escribí mi libro, para que las personas que apenas están recibiendo un diagnóstico sepan de todas las alternativas y opciones que existen hoy para que tener una vida autónoma y productiva”, afirma.


Angélica es incansable: trabajó durante 18 años como socia fundadora de la empresa Comercializadora Euroasia y colaboró con empresas de más de 10 países. Además, aprendió tres idiomas y estudió un posgrado en Análisis existencial y Logoterapia. 

Es voluntaria en el Hospital para la Ceguera y en la Asociación para Evitar la Ceguera, donde precisamente orienta y asesora a pacientes con algún grado de pérdida de visión.

Da pláticas mensuales en el mismo hospital, tanto para pacientes como para sus familiares, para dar opciones en momentos donde parecen cerrarse las oportunidades mientras se pierde el sentido de la vista.

“Mi discapacidad me ha dejado mucho. Aprendí a valorar muchas cosas, a reírme de mí misma, a reconocer en cada dificultad un reto para mejorar y crecer, aprendí que siempre hay soluciones, aprendí  a ver con el corazón y encontré oportunidades para ayudar a otros. Además, estoy convencida que también le ha dejado mucho a las personas que me rodean: mis hijos, mi familia, mis amistades y las personas con las que colaboro”, dice emocionada.

“Utilizando nuestros talentos, con una actitud positiva y determinación, siempre se encuentran los recursos intelectuales, emocionales y espirituales para lograrlo”.