Por Álvaro Cueva 

“Guasón” es una obra maestra de la cinematografía internacional, ese punto en que la alta cultura y la cultura popular se unen para trascender, para mandar mensajes.

Y uno de los mensajes más importantes de esta cinta dirigida por Todd Phillips (“¿Qué pasó ayer?”) tiene que ver con el mundo de la discapacidad.

Como usted sabe, el protagonista de este cañonazo de taquilla no es sólo uno de los villanos más populares de “Batman”. No, ahora se nos presenta como una persona con discapacidad.

El Guasón, este Guasón, tiene epilepsia gelástica, un trastorno que lo lleva a reírse sin control.  

No le voy a vender la trama para no arruinarle la experiencia, pero la cosa se pone muy delicada. 

¿Por qué? Porque aquello termina reforzando la idea de que las personas con discapacidad son malas, de que están llenas de odio, de que lo único que quieren es hacer daño, vengarse y si es posible, matar.

Yo no sé si entienda usted la gravedad de esto que le estoy diciendo, pero en este caso concreto, adquiere proporciones descomunales.

La razón es muy simple: el Guasón de esta película es un malvado carismático. ¿Qué quiere decir esto? Que por sus características dramáticas, es un personaje aspiracional, una criatura admirable, un modelo a seguir.

Por si a alguien no le quedara claro, todo el tiempo nos lo están diciendo en la película a través de una frase que es una suerte de afirmación, de mantra. 

Es horrible porque justo cuando esta clase de ideas se están difundiendo, la discapacidad desaparece y este personaje termina por convertirse casi, casi, en galán de narconovela, en un líder hipertalentoso, guapo y hasta buen bailarín.

¿Qué necesidad había de asociar la maldad de El Guasón con la epilepsia gelástica? ¿Hubiera pasado algo si esta situación jamás se le hubiera ocurrido a los escritores?

Piénselo con detenimiento. No se necesita tener algún tipo de discapacidad para que a un hombre con las características de este señor le pase lo que le pasa en la película. Por favor piénselo. 

Las autoridades de Estados Unidos han catalogado a “Guasón” como un filme peligroso por sus altísimos niveles de violencia. Temen que haya imitadores que repitan las barbaridades que hace su protagonista.

¿Por qué no le da miedo que, después de verla, aparezcan imitadores que le hagan a las personas con discapacidad lo que muchos individuos le hacen a el Guasón por su epilepsia gelástica?

Ahí está el problema. Ni los mejores especialistas están viendo lo que tienen que ver. 

¿Pero sabe qué es lo más triste de esta historia? Que “Guasón” es, insisto, una obra maestra, una película fundamental que se presta para toda clase de lecturas y de homenajes.

¿Por qué se alcanzan estos niveles estéticos con tramas tan negativas? ¿Por qué los mejores creadores de contenidos no ponen el acento en otra clase de propuestas? 

Tal vez la culpa no sea de los escritores, directores y productores de estos conceptos. Tal vez la culpa sea de nosotros como sociedad que no damos material para que se nos retrate de otra manera. ¿O usted qué opina?