Por Margarita Garfias

A principios de febrero, cuando las autoridades chinas llevaban un mes luchando contra el brote de coronavirus, se comenzó a visibilizar que los hombre eran los mayores afectados ante el COVID 19, el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades (CCDC) realizó su primer estudio de los datos de los pacientes: El 51% de los casos confirmados eran hombres, pero lo que llamó la atención de los expertos es que la tasa de mortalidad también tenía números más elevados: 2.8% en los hombres frente al 1.7% de las mujeres.

Pero hay una realidad imperceptible para muchas personas, incluso para muchas mujeres, una realidad que pesa y que sentimos caer en nuestros tiempos y nuestros cuerpos, esa realidad es todo el trabajo de cuidados que debe realizarse para hacer frente a esta pandemia.

Las mujeres realizamos tres veces más trabajo de cuidado no remunerado que los hombres, y el cuidado de los familiares con el virus aumentará la carga. En México el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa al 23.5 % del PIB, y con la agravante que en muchos casos es realizado durante una segunda o triple jornada ya que muchas además, tenemos un trabajo remunerado. Además de que en muchos hogares monoparentales sólo hay una persona que se encarga de los cuidados a adultos mayores, infantes, personas con enfermedades crónicas y personas con discapacidad que requieren de cuidados y apoyo; Pocas personas le entran a los cuidados especializados, intensos y extensos que requieren los dos últimos, por lo que sólo una persona en el hogar, a veces dos, podemos proporcionar este tipo de cuidados. Como familias no queremos que se repita lo que pasó en Hubei, donde desgraciadamente murió un joven con parálisis cerebral porque su padre se quedó hospitalizado. Es indispensable señalar que a medida que los sistemas de salud se saturen, muchas personas con COVID-19 necesitarán cuidados en el hogar, lo que aumentará la carga del trabajo doméstico y de cuidados de las mujeres y nos pondrá en mayor riesgo de contagio, no precisamente enfermarnos, pero si ser portadoras del virus.

El cierre masivo de escuelas nos afectará particularmente a las mujeres porque tendremos todos los días durante las 24 horas la responsabilidad del cuidado de nuestras hijas e hijos.

El llevar a nuestras hijas o hijos con nosotras al empleo supondrá exponerlos a más personas en los trayectos y mayor riesgo de contagio, además de ser sujetas de buena voluntad para nuestro empleador o empleadora, al permitir que nuestro hijo o hija esté con nosotras, o tal vez llegar muy tarde al trabajo, ya que habrá que hacer un traslado extra para llevarlos a casa de algún familiar que pueda apoyarnos ( y esto se complica si tenemos más de un hijo o si alguno de ellos tiene una discapacidad), y de allí trasladarnos al trabajo; o dejarlos con la abuela y el abuelo (que recién se anunció, no se debe tomar esta medida por evitar poner en riesgo a los adultos mayores).  Pero, ¿qué pasa si vivimos en la misma casa de los abuelos y ellos son los que salen al quite cuando nuestros hijos o hijas requieren cuidados? ¿Qué haremos quienes necesitamos trabajar? ¿Renunciar? Precarizado aún más la situación económica familiar: ¿Ser despedidas porque no podemos dejar a las niñas y niños sólos? ¿Un permiso de buena fe, sin goce de sueldo? ó de plano ¿dejarlos a cargo del “mayorcito” o la “mayorcita”? No la tenemos fácil… Además que la mayoría del trabajo remunerado que realizamos las mujeres tiene contacto directo con la gente (cajeras, ventas en mostrador, vendedoras de piso, atención al cliente, enfermeras, maestras, etcétera) por lo que estaremos en más riesgo de ser contagiadas del virus.

Por si fuera poco, las mujeres constituyen la mayoría de las y los trabajadores de salud y asistencia social, y estarán en la primera línea de fuego contra COVID-19. En términos más generales, las mujeres constituyen la mayoría de los trabajadores en el sector de la salud y la asistencia social: 70% en 104 países analizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) . Ganando un 11% menos que los hombres en el mismo campo, según la OMS. Y serán estás mujeres las que más malabares tendrán que hacer, tratando de cumplir con largas jornadas de trabajo remunerado y no remunerado.

El virus nos afectará desproporcionadamente a las mujeres.  Nosotras, no importando nuestra edad, somos las que vamos al frente con la carga, somos las que trabajaremos triples jornadas, haciendo malabares entre trabajo remunerado, trabajo doméstico, atención y cuidado a infantes, adultos y adultas mayores, y personas con discapacidad que requieren de cuidados y apoyo, y personas con enfermedades crónicas, ¿Y si me contagio? ¿Quién cuidará de mí ? ¿De mis hijas e hijos? ¿De mi padre, mi madre, o mi pareja? ¿De los abuelos?

Es momento de hacer cambios radicales en la corresponsabilidad del trabajo doméstico y de cuidados en los hogares y la sociedad, donde hombres y mujeres cuidemos por igual, el mercado, donde hombres y mujeres con responsabilidades de cuidado tengamos las mismas licencias y el mismo trato, y una nueva era de garantías constitucionales y derechos (Derecho al #CuidadoDigno y #TiempoPropio) para que de esta manera el estado sea garante y corresponsable de establecer políticas públicas que no sigan perpetuando las desigualdades en las que sobrevivimos actualmente.

*Este texto fue publicado originalmente en el portal Familias y Retos Extraordinarios.

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