Por Bárbara Anderson

En las 1,296 páginas del Segundo Informe de Gobierno de la Presidencia de la República, 96 veces aparece la palabra discapacidad. 

Si bien el Programa de Pensión para Bienestar de las pcd permanente fue uno de los que se decidieron mantener prioritarios en la contingencia, descubrimos que durante los dos primeros meses de confinamiento (mayo-junio 2020) cayó el número de beneficiarios en un 12% (de 842,261 beneficiarios el año pasado a 744,665). 

Y no solo eso. Si uno se ajusta a lo que indica el programa que …otorga una pensión bimestral a las personas con discapacidad permanente. Esto con el objetivo de reducir la brecha existente entre sus ingresos y los de las personas sin discapacidad”, lo que convendría saber es cuántas personas con discapacidad permanente viven pobreza extrema, de pobreza multidimensional o pobreza per se. 

Basta con revisar hasta el final las tablas de datos de dichos programas para encontrarnos que no hay información de pobreza de este grupo (así como tampoco de población indígena) ni en 2019 ni en 2020. Este programa recién presentó sus reglas de operación este año, en febrero. Pero ¿cómo medirá el gobierno el impacto de estos apoyos si no saben cuál es el total de personas a las que están apuntando exactamente? 

Otra perlita perdida en el gran libro de los resultados del gobierno actual tiene que ver con el empleo: mientras en las primeras páginas en la sección de Hacienda se anuncia que aprobaron una deducción adicional de 25% de los salarios pagados para quien emplee a personas con discapacidad motriz, mental, auditiva, visual o de lenguaje (¿alguno de ustedes lo sabía?), poco importa apoyar a los jóvenes con discapacidad a que se preparen para ser tentados por este beneficio. De las 1 millón 377,684 personas que fueron parte del Programa Jóvenes Construyendo el Futuro, solo 5,247 tenían alguna discapacidad, apenas el 0.38% del padrón, cuando por estadísticas simplonas deberían representar el 7% de cualquier listado.

Podría hacer el mismo ejercicio con educación donde se habla de la inclusión de manera constante desde la SEP y hay solo 0.3% de alumnos con alguna discapacidad matriculados en educación superior. Y casi como una rara avis, ubicamos a una mujer de 47 años con parálisis cerebral que acaba de ser aceptada en la universidad. En medio de un mar de inconsistencias, de datos opacos (o inexistentes), siempre la esperanza se abre camino aún contra todo pronóstico y burocracia. Asómense a leer la historia de Angélica Delgado, es un paseo al sol en medio de tanto encierro.


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