Por hablar en voz alta y tener movimientos repetitivos, personal del Museo Dolores Olmedo emitió una alerta que evidenció falta de capacitación para atender a personas con autismo; ofrece capacitarse 

Por Katia D’Artigues

“Código Rojo, Código Rojo”, alertó vía un comunicador una mujer encargada de seguridad en el Museo Dolores Olmedo el viernes ante un incidente que pasó en una de las salas. ¿Qué fue lo que provocó su alerta de seguridad? Un niño de 11 años, visitante del museo, se hincó a mitad de la sala, lejos de las obras.

El niño, Santiago, ya había llamado la atención antes de personal del museo porque pensaron que estaba “jugando”: hablaba rápido y en voz alta comentando las obras. Se balanceaba. Aún así, el niño iba de la mano de su padre y no representaba ningún riesgo para la obra expuesta ni para persona alguna, cuenta su madre, Nayeli Rueda García. Fue ella, quien tiene un canal de Youtube y redes sociales con el nombre de “Mi Hijo Asperger”, quien posteó un video donde contó lo que pasó. Santiago, como se imaginarán, tiene una condición dentro del espectro autista y su comportamiento es muy común, pero el museo no estaba preparado.

“El problema es que nos sentimos perseguidos, vigilados”, comenta Nayeli por teléfono. Tras que otra encargada ya les había alertado que su hijo estaba “jugando” y ella le  respondió que no, le dijo a la encargada de la siguiente sala cuando llegaron a ella: “El niño está jugando, aunque su mamá dice que no”.

Fue entonces que cuando ella le dijo que tenía autismo, algo que no suele decir de entrada porque no está de acuerdo con etiquetarlo. Aún así emitieron el “código rojo” llamando a una tal Jessy, que nunca llegó. 

La familia suele visitar museos y su hijo está preparado para ser un buen visitante, asegura la madre. No rompieron ninguna de las indicaciones: no responder llamadas de teléfono, tomar a los niños de la mano, no acercarse a la obra más de lo permitido, ni señalar muy cerca. 

“Hacía ruido, sí, pero no algo que incomodara, honestamente. Yo no lo veo así, no lo creo. No grita. ¿Está prohibido hablar en un museo, comentar una obra en voz alta?”, pregunta Nayeli. 

A Santiago le encanta a ir a museo, cuenta su mamá. A veces han tenido alguna crisis cuando entra en funcionamiento una máquina, como una aspiradora y ellos se salen, pero no fue el caso. En su museo favorito, el Soumaya, alguna vez tuvieron una suerte de llamada de atención porque Santiago tiene juguete que carga y al que le va relatando lo que ve. Le pidieron que por favor lo guardara. Lo pusieron dentro de una bolsa dentro de su chamarra y ya.

“Si nuestro hijo usara una silla de ruedas otra cosas sería, por eso dicen que es la discapacidad invisible.”. 

El museo acepta falta de capacitación

En el mismo posteo de Nayeli, el Museo Dolores Olmedo respondió, vía Twitter, que estaban apenado con el incidente:

“Estamos profundamente apenados por el incidente y por la falta de sensibilidad que se mostró. Reconocemos que tenemos que capacitarnos e informarnos más al respecto, es un área de oportunidad para que brindemos una mejor atención al público con trastorno del espectro autista”. 

“Tuvimos la oportunidad de conversar con la mamá de Santiago para entender lo sucedido el viernes 1 de noviembre”, escribe Adriana Jaramillo, directora de comunicación y relaciones institucionales del museo. “Reconocemos que tenemos un área de oportunidad para brindar una mejor atención al público con trastorno del espectro autista, por lo que sus comentarios y sugerencias nos motivan a continuar mejorando nuestros programas de capacitación, para concientizar y sensibilizar a los colaboradores de El Olmedo al respecto. De hecho, actualmente, estamos en contacto con la Fundación Iluminemos de Azul, para fomentar la inclusión de personas con autismo en nuestro espacio artístico y cultural

“Si bien El Olmedo atiende constantemente a grupos vulnerables, y hemos colaborado con instituciones como Seña y Verbo AC, la Escuela Nacional de Ciegos, la Fundación John Langdon Down, Alzheimer México IAP, entre otras, reiteramos nuestra disposición para educarnos e informarnos más en temas de inclusión, accesibilidad y discapacidad, con el fin de que el abanico de públicos que recibimos viva la mejor experiencia y así hacer de El Olmedo un museo para todos.”

¿Qué se hace en estos casos?

Gerardo Gaya, presidente de Iluminemos de Azul, recomienda dos acciones para evitar incidentes así. Uno lo tiene que hacer la familia y otro los lugares públicos a los que tienen todo el derecho de asistir las personas con autismo.

“Creo que la condición nunca debe de justificar el comportamiento y tenemos que ‘vernos en medio’. Yo hago lo posible como papá; tú, entorno, haz lo que te toca. No juzgues y pasemos de un ‘saca a ese niño’ a sencillamente preguntar: ‘¿está todo bien? ¿te puedo ayudar en algo?’”.

Promotor, junto con Cinépolis de las “Funciones Incluyentes” y de las “Funciones relajadas” del INBAL, recomienda que las personas con autismo se les prepare para asistir a un lugar público con un “Manual de anticipación” que no es más que una guía visual o una historia social de las cosas que van a encontrar para reducir su estrés. Aquí un buen ejemplo de Cinépolis.

Y los lugares públicos tendrían que tener una capacitación mínima de sensibilización que, para hacerlo corto consiste en, sencillamente ser empáticos y preguntar antes de juzgar.