Por Mauricio Rodríguez Álvarez*

En las últimas semanas hemos visto el avance de la epidemia de la enfermedad causada por el nuevo coronavirus (COVID-19) desde China hasta nuestro país, y ha quedado claro que el mundo es uno solo y las interconexiones entre los países son infinitas.

Al mismo tiempo que se combate el problema se han generado muchas publicaciones científicas que coinciden en que los más afectados por la epidemia son los adultos mayores de 60 años y las personas que tienen otras enfermedades crónicas que debilitan su cuerpo y comprometen su respuesta a la infección por el nuevo virus, entre ellas la diabetes, las enfermedades del corazón o de los pulmones y muchos tipos de cáncer.

Si bien no hay información suficiente sobre el riesgo específico de la enfermedad en poblaciones con cada una de los muchos tipos de discapacidades, sí convendría considerarlas dentro del grupo de las personas más vulnerables, particularmente a quienes tienen dificultad para moverse, están en cama o tienen limitaciones en su capacidad de comunicación. Describo algunas razones:

– El riesgo es que una persona con discapacidad se enferme y la enfermedad avance más rápido o provoque complicaciones por enfermedades preexistentes puede que sea igual que en cualquier otra persona. Pero, la capacidad de respuesta ante una situación de emergencia, en términos de facilidad y velocidad de respuesta de una persona con discapacidad (ciega/sorda/sin comunicación/silla de ruedas) es diferente y puede retrasar la atención.

– Parte del problema de la epidemia es el contagio por contacto con superficies de uso común y la convivencia con enfermos. Una persona que no pueda percibir por completo los riesgos en situaciones determinadas (leer un letrero con alguna indicación específica, escuchar un mensaje auditivo, etc.), puede ponerse en situaciones de riesgo alto para contagios o complicaciones.

– Aún cuando los hospitales y clínicas generalmente tienen señalización para personas ciegas, en casos de emergencias como esta se modifican los espacios físicos, la señalética y el acceso, lo que puede representar un riesgo especial para tanto para las personas ciegas como para quienes estén ahí.

– Quienes participan en la atención de las personas con discapacidad (terapias, acompañamiento, educación, etcétera) son de particular importancia, porque ellos mismos pueden ser el vehículo del contagio de sus pacientes/clientes. Es importante que no acudan a sus labores en caso de que presenten cualquier signo de enfermedad respiratoria (tos, estornudos, fiebre) y que su pago o situación laboral no se afecte demasiado.

La situación actual nos obliga a voltear a ver a los más vulnerables de la comunidad.  Hagamos que la solidaridad social y familiar sepa vencer el distanciamiento y llegar a todos los rincones donde se requiera.

*Profesor de la Facultad de Medicina, y Vocero de la Comisión de la UNAM para el COVID-19. En Twitter está como @maurodriguez. Y aquí el video de una plática que dio el 11 de marzo sobre el tema del panorama actual y perspectivas del COVID-19.

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