Por Carlos Marcó / Argentina

En medio de la pandemia por el coronavirus y con urgencias económicas lacerantes, Argentina reglamentó el autocultivo de cannabis medicinal gracias –en gran medida– a la fuerza ejercida por mujeres dispersas por todo el país que movieron cielo y tierra para que esa práctica dejara de ser ilegal.

El gobierno nacional corrigió este mes la falencia de la ley 27.350 aprobada en marzo de 2017, que permitía el uso terapéutico de la marihuana pero no autorizaba la posibilidad de las cosechas personales.

La impulsora del proyecto fue la diputada entrerriana Carolina Gaillard, quien se mostró conforme con la nueva reglamentación porque “amplía el alcance y las estipulaciones de la ley de 2017 y garantiza el acceso efectivo al cannabis a través del cultivo doméstico o la venta en farmacias”.

Según Gaillard, se establece la producción de cannabis medicinal a través de laboratorios estatales y se promueve la investigación científica “sin límites”.

A su turno, Valeria Salech, fundadora de la organización Mamá Cultiva, consideró que “la nueva reglamentación permitirá que quienes quieran cultivar dejen de ser perseguidos, estigmatizados y criminalizados por defender su derecho a la autonomía y la salud”.

“Esto beneficia a mucha gente que ya está ejerciendo la práctica del cultivo y su derecho a acceder a mejor calidad de vida. Sabemos que muchos no lo hacían por miedo”, añadió.

Un caso paradigmático en este contexto es el de María Eugenia Sar, cuyo nieto fue diagnosticado en 2016 con el síndrome de Tourette, un trastorno neuropsiquiátrico que se caracteriza por tics motrices o fónicos.

“Los medicamentos que le recetaron originalmente a Joaquín, de 9 años, degradaron en pocos meses su calidad de vida a niveles desesperantes”, relató Sar. En esa instancia, la familia probó con aceite de cannabis y comenzó a cultivar en su hogar y luego a fabricarlo de modo artesanal en la bella ciudad rionegrina de Bariloche. Los padres y abuelos de Joaquín arriesgaron su libertad, ya que según la ley de drogas vigente podrían pasar hasta 15 años en prisión. 

Sar rememoró: “El síndrome de Tourette se manifiesta con trastornos asociados y Joaquín los tenía, le costaba dormir y alimentarse, y presentaba déficit de atención, además de mostrarse muy ansioso. Cuando lo medicaron fue un infierno, sufrió efectos adversos. Aumentó su peso en muy poco tiempo, se babeaba y dejó de mirarnos a los ojos. Lo desconocíamos”.

Y completó la historia: “Tuve la suerte de ver en televisión a una mamá que le daba resina a su hijo y las convulsiones paraban. Me puse a investigar y probamos. En 48 horas, todos esos síntomas que tenía Joaquín se fueron diluyendo. Y en un mes recuperamos al niño que conocíamos”.

Así, desde roles legislativos y de simples madres y abuelas, decenas de mujeres generaron redes con fuerte capacidad de presión para permitir que la ley de 2017 se flexibilizara y enriqueciera hasta posibilitar el autocultivo de cannabis con fines medicinales.

La reglamentación

Desde ahora, en Argentina los pacientes con prescripción médica pueden matricularse en el Registro del Programa Cannábico y optar por cosechar su propia marihuana, conseguirla de “cultivadores solidarios” o adquirirla en farmacias autorizadas.

De ese modo, el país sudamericano integra el reducido club de cuatro naciones latinoamericanas que habilitaron esa práctica junto con Uruguay, Colombia y Chile. El Congreso paraguayo la había autorizado, pero el presidente Mario Abdo Benítez vetó la ley en septiembre último.

El decreto del presidente Alberto Fernández estipula que los proveedores de atención médica privados y públicos deben garantizar y, cuando corresponda, subsidiar el acceso al cannabis medicinal para los pacientes que califiquen. Anteriormente, la prescripción estaba restringida exclusivamente a casos de epilepsia resistente a los medicamentos y ahora podrá usarse como tratamiento paliativo del dolor. Además, la medida oficial impulsa la investigación científica para determinar los posibles usos terapéuticos de la marihuana y sus derivados.

Resta definir cuestiones clave, como el tipo de patologías que podrán ser tratadas con cannabis medicinal, aunque se supone que será un espectro amplio, y la cantidad de plantas que se podrán cultivar en los hogares de los interesados. También se proyecta generar un “banco de semillas”, porque hoy en día sólo se pueden comprar en el extranjero.

Con esta reglamentación, cambiará el rol de las farmacias respecto al cannabis medicinal. Hasta ahora, sólo acompañaban al paciente en la tramitación de la importación del aceite registrado en el exterior. 

De ahora en más, el producto se dispensará en las farmacias autorizadas, que son las que cuentan con un laboratorio y que se dedican a la elaboración de fórmulas magistrales. Es probable que esa comercialización termine haciendo que quede fuera de uso el cultivo personal porque la preparación en farmacias es más segura y económica.

Así, Argentina comenzó a transitar el camino que ya recorren Austria, Canadá, República Checa, Finlandia, Alemania, Israel, Italia, Países Bajos y Portugal, entre otros.


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