Por Ivett Rangel 

Alrededor de una década les llevó a la maestra María Elena Rodríguez y al diseñador gráfico René Pontón crear “Mi cuaderno de lectoescritura y señas (Editorial Trillas, 2016), un libro que surgió de la necesidad de enseñar a leer y a escribir a su hija Dulce María, hoy una mujer de 29 años que, al nacer, quedó sorda y con parálisis cerebral por una negligencia médica.

María Elena reconoce que aceptar que una hija o un hijo es sordo resulta muy difícil, aunque no tanto como el camino que hay que recorrer para que pueda entender y comunicarse con el mundo que le rodea. En ese recorrido, una de las decisiones más relevantes empieza con elegir una escuela en la que sí pueda aprender.

“Porque si entra a una escuela en la que las maestras no están capacitadas, que no conocen la lengua de señas, sólo los tienen haciendo dibujos u otras cosas, entonces no aprenden nada.

“Los sordos puros tienen la capacidad de aprender español como cualquier otro niño, siempre que cuente con las herramientas adecuadas y el lenguaje en sus papás y maestras”, comenta la autora. Según datos del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía),  el 40% de la comunidad sorda es analfabeta en el país debido a que no se tienen maestros capacitados, educación de calidad y los apoyos necesarios.

Las personas sordas se valen de dos lenguas, la materna (en este caso, el español) y la natural (la de señas). Para poder activar en Dulce María la gramática del español con base en visualizaciones y escritura, María Elena estudió un diplomado en logogenia, que es un método que busca que niños, niñas y adolescentes sordos puedan leer y escribir como cualquier oyente de su edad.

Al paso de los años logró reunir un amplio vocabulario con más de 2 mil imágenes, realizadas por su esposo, René Pontón. Con el impulso de otras maestras, María Elena decidió formar el libro. Así que aprendió entonces a usar una computadora y los programas necesarios para lograrlo.

“Ya había trabajado muchísimo vocabulario con Dulce, pero ella no lo sabía aplicar. Entonces dije: No es justo para los que somos papás de sordos, por eso es que empecé a hacerlo.

“No es un libro de texto, sino de apoyo para padres de familia, maestras y hasta terapeutas del lenguaje”, aclara María Elena.

A cuatro años de distancia, en los que ha logrado vender más de 4 mil ejemplares, la maestra se siente satisfecha de haber sentado un precedente, pero sabe que no es el final del camino.

Por eso, ya entregaron a la editorial su siguiente material: “Base para desarrollar el pensamiento matemático”, el cual incluirá un diccionario temático. 

Esta vez sólo les llevó seis meses prepararlo y espera que en 2021 pueda imprimirse y salir a la venta.

Su deseo: que ambos libros logren llegar a todo México.
Su siguiente meta con Dulce María: obtener su certificado de primaria a través del INEA (Instituto Nacional para la Educación de los Adultos), por lo que se convertirá ahora en intérprete de su hija. Y María Elena asegura que ya están listas para lograrlo.


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