Leticia Calderón, actriz

Madre por elección y actriz por vocación, divide su tiempo entre los foros y sus dos más grandes tesoros, sus hijos Luciano (15) y Carlo (13 años).  Cuando el primero nació con síndrome de Down, hubo desconcierto y miedo; ahora, los prejuicios se han ido a la basura y se siente dichosa de ser su madre.

Si pudieras resumir lo que significa para ti estos 15 años al lado de Luciano, ¿qué dirías?

Han sido la experiencia más hermosa que jamás pensé vivir. Pasé de la sorpresa al reto, y cada reto ha sido altamente gratificante. Me siento muy orgullosa y agradecida de que Luciano me haya escogido como mamá, sueño que perseguí por muchos años.

¿Cómo logras tener un equilibrio entre Luciano y Carlo?

Siempre he tratado de ser justa y dedicarle el mismo tiempo a uno que al otro. Aunque sinceramente no era tan justo. A Luciano le dedicaba una hora de terapia y a Carlo de juego. Les compro y les doy exactamente lo mismo. Lo bueno de tener dos brazos es que puedes cargar a tus dos hijos a la vez.

¿Cuál es tu mayor temor?

Que no valga la pena tanto esfuerzo, tanto tiempo, tantas terapias, al comprobar que la sociedad sigue discriminando a las personas con discapacidad. Que al darles la oportunidad de trabajar lo hagan por compasión, o peor aún, por lástima y no porque realmente se lo merecen.

Temo que mi hijo no encuentre una mujer que sea capaz de ver la fortaleza y el gran amor que tiene. No es porque sea su mamá, pero te aseguro que mi hijo cuenta con todas las cualidades para hacer muy feliz a cualquier mujer.

¿Qué te enseña Luciano en el día a día?

Me hizo tirar a la basura los prejuicios. Me enseñó que es mejor sonreír que quejarse. Con él desaparecieron de mi vida las palabras pena, vergüenza, no puedo, no me atrevo, estoy cansada.

Me enseñó que cada pequeño logro se puede convertir en un día de fiesta. Me recuerda todos los días lo dichosa y feliz que me siento de ser mamá.

¿Qué falta en México para la inclusión de personas con discapacidad en el mercado laboral?

En México todavía nos falta mucho. Para empezar, el respeto. Si no respetamos los lugares para las personas que no pueden caminar, qué pueden esperar las personas con discapacidad intelectual.

Falta preparación: en escuelas, verdadera inclusión desde el kínder hasta la universidad. Preparación de los doctores, no es posible que no sepan las condiciones de salud de las personas con síndrome de Down. Preparación en las empresas, en la sociedad en general.

¿Cómo visualizas a tu hijo en 5 o 10 años?

En 5 años visualizó a Lu entrando feliz a la universidad.

En 10, ¡recibiéndose! En su propio departamento y viniendo seguido a comer conmigo, viajando y pidiendo palomitas grandes con refresco de limón.

¿Qué tan importante es la familia en el entorno de una persona con discapacidad?

El apoyo, aceptación y cariño de la familia me parece sumamente importante. Son los cimientos de su autoestima. Lo que formará su seguridad. Siendo así, ningún telúrico comentario lo derrumbará jamás.