Rita Romanowksy

Por Katia D’Artigues

5 de julio de 2019

Madre hace 38 años de Dania, quien tiene discapacidad intelectual, Rita Romanowsky dejó su carrera inicial en matemáticas, probabilidad y estadística para volverse una experta en inclusión educativa. “Ahora mi esposo dice que no sé ni sumar el presupuesto”, dice riendo.

Tras años de experiencia, Trillas publica su Manual para la inclusión de niños con discapacidad. Retos familiares, sociales y escolares, un libro indispensable en México, mucho más cuando el 3o. Constitucional acaba de ser reformado y considera que toda la educación que imparta el Estado debe ser universal, pública, gratuita, laica y también inclusiva.

El Manual es el resultado de algo poco usual en el mundo de la discapacidad: la experiencia y la colaboración entre varias instituciones. Romanowsky, ahora integrante del patronato de Inclúyeme, entonces colaboró con Save The Children para hacer inclusivos sus Centros Comunitarios de Desarollo Infantil e integró a la redacción del Manual (inicialmente publicado con apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú) la experiencia de diversas instituciones especializadas en atención a discapacidades en particular. “Eso es de lo que más orgullosa me siento”, dice Romanowsky.

También contiene una importante experiencia valiosa en estos tiempos de austeridad. Sostiene que la voluntad de incluir es más importante que el presupuesto destinado a ello. Mucho más si se trabaja con los cuatro pilares necesarios para hacer un centro educativo inclusivo: el alumno con discapacidad y sus compañeros, los maestros, la familia y la comunidad en general.

Dices que te preocupa más la inclusión en el sector público.

El grueso del país está ahí, no en las escuelas privadas. Incluso, aunque es una ley, hay muchas escuelas privadas que no reciben niños con discapacidad. Para los padres es un viacrucis la elección de una escuela. Ahora el artículo 3o. dice eso, pero del dicho al hecho, hay mucho trecho.

La vida es dura y más si tienes pocos recursos: luchar para sobrevivir, mantener a tu hijo y luego… ¿luchar porque esté incluido? Acabas agotada, lo digo en femenino porque por lo general es una mujer.

Sí, recuerdo mucho a familias, mamás, que me decían: ‘Sí, yo lo llevaría a rehabilitación, pero ¿con qué, cómo?’. La discapacidad y la pobreza son un doble estigma. Las familias necesitamos servicios eficientes, en quién podernos apoyar. Es cansado. Pobreza, sobrevivencia, rehabilitación, intervención, educación… y tú, como madre, ¿en qué número de esos lugares quedas como persona? No quedas. Hipotecas tu vida al niño con discapacidad.

Pero has visto avances en estos tiempos. 

Sí, muy importantes. Los cambios legislativos han ayudado. Dania no tuvo jamás oportunidad de ir a una escuela así, hoy la tendría. Hay una conciencia mayor en todos sentidos. Nos falta, pero hemos caminado. 

He visto, por ejemplo, un niño con parálisis cerebral que su madre cargaba para llegar al centro comunitario. Vivía en el cerro y lo traía a sus espaldas: tenía 4 o 5 años. La comunidad primero se puso de acuerdo para adquirir una silla de ruedas. Acabó en el Centro y fue la maestra la que se encargó de hacer su transición a la primaria, algo que la madre nunca pensó posible. Todos llorábamos. 

Me impresioné mucho de las maestras de los centros por su dedicación para hacer adecuaciones curriculares o conseguir ajustes razonables. Una de ellas habló con un papá de la escuela, albañil, e hizo cambios al lugar.

Una familia homoparental de mujeres luchó con todo porque su hijo con discapacidad intelectual tuviera un implante coclear. Iba al Instituto Mexicano de la Audición y Lenguaje (IMAL) en la mañana y en la tarde estaba en el centro. Ellas vendían chicharrones.

Es más importante la voluntad que el dinero. 

No tengo duda de la inclusión en la infancia y adolescencia: estar integrados a las escuelas no tiene precio, es lo que se debe hacer. Pero en la vida adulta veo vacíos muy importantes en los muchachos, falta de grupos de pertenencia (amigos que también tengan una discapacidad).

¿Impulsamos demasiado hacia la inclusión?

Sobre todo cuando hay una dificultad cognitiva y social muy importante. Acabo de leer un capítulo muy interesante de un nuevo libro que publicó la Asociación Americana de Discapacidad intelectual. Es sobre inclusión social. Ha sido un chequeo de realidad importante leerlo. Dicen que cualquier persona regular tiene en su red social de conocidos, conocidos físicos,  a aproximadamente a 145 personas. ¿Cuántas crees que tiene una persona con discapacidad intelectual?

No sé. ¿Diez?

¡Tres! Y estás hablando de Estados Unidos. De estas, uno es su facilitador o su mentor del trabajo, la persona que lo está apoyando para ser incluido.

Hay una soledad enorme.

(Asiente) Por eso me cuestiono la inclusión en la vida adulta. ¿Qué está pasando en nuestras sociedades? Fomentamos la inclusión de forma teórica pero a la hora de aterrizar en acciones, el factor prevalente es la soledad. Me hizo pensar si a estos modelos tan de vanguardia, incluyentes, no los tendríamos que echar un paso para atrás. ¿Realmente las personas con discapacidad están siendo felices? O quizá son fruto una generación y cambiará. No lo sé. Por eso ahora quiero hacer un Manual para la vida adulta.

Este Manual para la inclusión educativa se publicó en 2015 en una edición chiquita. Tú se lo regalaste a la SEP desde que el titular era Emilio Chuayfett. Lo reiteraste con Aurelio Nuño. ¿Mantienes tu oferta?

(Con Nuño) ¡Prometieron imprimir 90,000 ejemplares! Sí, no tengo ningún interés en lucrar, el único interés que tengo es que los niños de México puedan tener una mejor educación. Si ellos quieren este manual, yo se los regalo. Quizá pueden hacer algo con Trillas, una versión más barata. Estoy en la mejor disposición de que esto fluya para el bienestar de nuestro país, lo que hago es para compartir.