Julieta Fierro, astrónoma y divulgadora de la ciencia

Katia D’Artigues

En el arranque de su curso de Astronomía en línea – que ha sido visto por decenas de miles de personas – la académica de la UNAM Julieta Fierro utiliza un par de changos de peluche para explicar cómo fue que los hombres aprendieron a usar instrumentos y cómo una madre enseñó a su hijo a usarlos, es decir, transmitió el conocimiento.

Incluso a sus 71 años, no es extraño ver a la creadora de Universum e integrante de la Academia Mexicana de la Lengua usando objetos divertidos y de la vida cotidiana para lograr que el gran público entendamos de qué están hechas las estrellas.  

Hay un secreto personalísimo para entender su vocación pedagógica: tuvo un hermano con síndrome de Down, Miguel.

¿Cómo fue Miguel determinante para desarrollar tu vocación pedagógica?

Yo quería que Miguel aprendiera todo. Cuando se murió mi mamá, él tenía 11 meses y yo 13 años. Yo dije: ‘El tiene que aprender todo, por qué lo voy a limitar’. Entonces, con mucho cuidado, le enseñaba todo lo que podía, incluso ciencia. Esa manera de explicar las cosas simples -con pocas palabras, haciendo demostraciones, que sea sensorial y evidente- fue por Miguel. De ahí mi éxito. Fue mi gran maestro.

En los 60, cuando nació, no se esperaba gran cosa de las personas con síndrome de Down. Lo hiciste a contrapelo de la sociedad.

¡No se esperaba nada (de ellos)! Además, se decía que (nacían) por culpa de las mujeres, que mi mamá lo había tenido por vieja, con la culpa horrible.

¿Eran los únicos hermanos?

Éramos cinco. Fue terrible porque mi mamá se murió, imagínate. Miguel tenía 11 meses y otro (Rafael) tenía dos años. Mi papá era una persona bipolar. Yo y mi hermana Carmen heredamos ese terror, pero en diferentes grados. Las cosas en la casa estaban muy difíciles.

¿Tu papá fue diagnosticado con bipolaridad?

En esa época no existía eso, ni se trataba a la gente que lo padecía. Él era médico, endocrinólogo. Tengo 71 años y eran otros tiempos.

Era terrible por eso y por todo. Mi papá decía que las mujeres éramos tontas y teníamos que quedarnos en la casa a cuidar a los hermanitos. Pobre Miguel. Yo no era la mayor, sino mi hermana Carmen, quien era la mamá regañona, la líder y yo era como la mamá buena (se ríe). ¡Pobre de mi papá también! ¡Para él debió de haber sido espantoso! Se murió y le dejó dos bebés y tres adolescentes,

¿La vida de Miguel cómo fue? Aprendió contigo pero, ¿fue a la escuela?

A Miguel sí lo metió a varias instituciones, pero no le gustaban. Mi papá estaba cansadísimo, ya no podía más.

Ahora hay más aceptación, ya se habla más de los niños con síndrome de Down, hay escuelas, grupos donde se reúnen, hay niñas a las que operan para que puedan tener relaciones sexuales y no se embaracen, a los muchachos también y pueden tener vida sexual sana, una pareja. Es mejor eso a que estén ahí en la calle masturbándose contra un árbol. Esa es la parte difícil, porque cuando son bebés no sucede, son tan lindos y tan cariñosos, simpáticos, una maravilla de niños.

Pero también estás muy ligada con la discapacidad psicosocial. Se considera ahora que las persona que tienen enfermedades mentales también son personas con discapacidad psicosocial.

No sabía.

Es un gran tema el de la salud mental que como sociedad aún no aceptamos.

¿Qué lástima, no? Además con este mundo tan complicado, si eres una persona estresante y tienes una discapacidad, es peor.

En el 2020, la incidencia de depresión que discapacita es la mayor en la historia. La mayor causa de discapacidad

Vivimos más, entonces son engañosas esas estadísticas. Hay más personas mayores, antes no había. En la época de los griegos, se morían a los 30 años, no había viejitos deprimidos.

Tenemos más incidencia de discapacidad motriz, visual, auditiva.

Y todo. Cáncer. Enfermedades degenerativas.

Cuéntame algo de Miguel que te haga sonreír.

¡Muchas! Teníamos un jardín muy grande con una fuente. A la fuente le poníamos poca agua y había una tortuga y el perro, y ahí era su casita. Y jugaba todo el día con lodo, plantas, agua, el perro y la tortuga. Son niños muy lindos, alegres, muy bien portados, obedientes.

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