Foto: Fredo Conde

Por Abraham Reza

Un caso ante la CNDH documenta que falta accesibilidad en Bellas Artes. El INBAL acepta la responsabilidad pero denuncia que existen leyes contradictorias y argumenta falta de presupuesto

Carlos Ríos Espinosa es un abogado que ha enfrentado la poca accesibilidad que hay en recintos culturales o de entretenimiento para personas que usan silla de rueda o viven con alguna otra discapacidad.

El 11 de mayo de 2018, Carlos se enteró de último momento que el compositor estadounidense Philip Glass vendría México para dar un concierto el sábado 12 de mayo de 2018 en el Palacio de Bellas Artes.

Su gusto por la música del compositor le hizo pedirle a su asistente que fuera a la taquilla del Palacio de Bellas Artes y comprara unos boletos regulares.

“No pedí que comprara los asientos designados para personas con discapacidad porque, cuando lo hemos intentado en otras ocasiones, siempre nos exigen que la persona con discapacidad se presente en persona frente al funcionario que vende los boletos para asegurarse de la existencia de la discapacidad, lo cual me parece frustrante y una violación al derecho a la igualdad y a la no discriminación de las personas con discapacidades”, cuenta a Yo También.

Por esta última razón, Carlos no tuvo otra opción que adquirir dos boletos uno por $1,650 y otro más por $750 en un palco lateral que no cuenta con una vista al 100 del escenario.

“Llegó la fecha del concierto y me dirigí junto con mi esposa al Palacio de Bellas Artes para asistir al concierto. Al llegar, como el lugar no cuenta con condiciones adecuadas de accesibilidad para personas con discapacidades físicas, mi esposa me hizo descender del vehículo en avenida Hidalgo y me dirigí al recinto por la puerta de entrada para las sillas de ruedas, ese sí por el sótano”.

Como lo constató Yo También, durante una visita previa a esta publicación, el Palacio de Bellas Artes no cuenta con una entrada frontal accesible al vestíbulo y mucho menos al recinto. Por esa razón, aquellos que viven con una discapacidad tienen que acceder por la cochera, mostrando el boleto a los vigilantes para después dirigirse a los elevadores desde el sótano.

“No solo eso. Para subir el escalón que conduce a la rampa de acceso de los elevadores del Palacio hay que subir por una rampa de madera medio podrida, posteriormente se debe subir por elevador en la planta baja y así entrar a la sala de conciertos”, cuenta Ríos Espinosa.

Aquel 12 de mayo, Carlos siguió religiosamente cada uno de estos pasos y se disponía a entrar a su palco para esperar a su esposa, pero no fue así.

“Cuando ingresé al Palacio Nacional de Bellas Artes para esperar a mi esposa, la señora Silvia Gil Rivera, acomodadora de los lugares y funcionaria del Palacio, airadamente me reclamó no haber solicitado el boleto especial para personas con discapacidad y me dijo que no tenía disponibilidad, a pesar de que ninguna otra persona con discapacidad se encontraba en el recinto”.

“Después de levantarme la voz la manera más insolente me exigió que me retirara de la puerta de entrada porque por ahí pasaba el público y posteriormente me espetó que yo me aprovechaba de mi situación de usuario de silla de ruedas”, finalizó Carlos mientras remata diciendo que ni en recintos como el Partenón, el Vaticano o la Capilla Sixtina ha tenido que enfrentar este tipo de discriminación.

Presenta denuncia ante la CNDH

Este testimonio fue compartido a la Comisión Nacional de Derechos Humanos el 14 de mayo de 2018. Paso a paso, Carlos narró los hechos y el organismo, a través de su representante, realizó una visita al lugar y también avaló lo compartido por Ríos Espinosa en el oficio no. V2/ 60020 con número de expediente CNDH/2/2018/4164/Q:

a) Las personas con discapacidad no pueden acceder de forma autónoma al Palacio de Bellas Artes.

b) La rampa de acceso ubicada en el sótano sí está desgastada además de que no cuenta con una pendiente adecuada.

c) Los botones del elevador no cuentan con señalética brillante.

d) Las butacas para personas con discapacidad realmente son butacas móviles en un área determinada mientras que el resto del recinto es inaccesible para una persona con discapacidad.

e) Los sanitarios son inaccesibles.

f) No se informó sobre la existencia de alarmas visuales y sonoras.

Bellas Artes sabe de su obligación, pero no tiene recursos

Alberto Lomnitz, titular del Programa de Inclusión Social, Diversidad e Igualdad del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), aceptó que es cierto que no existe un acceso adecuado para personas con discapacidad tanto en el Palacio de Bellas Artes, como en otros recintos a cargo del INBAL. Incluso, no hay ni un censo que especifique qué edificios cuentan con alguna adecuación para dar respuesta a este público: “No existe un censo adecuado al respecto y no cuento con datos reales sobre el tema”.

Explicó que la falta de recursos es precisamente lo que ha retrasado la migración a una accesibilidad universal: “Tenemos problemas en señalética en braille, baños, rampas, elevadores y alarmas, es un camino largo el que se tiene que recorrer y mi evaluación es que esto se da por la falta de recursos que ha enfrentado el sector cultura, no solo en esta administración, sino desde administraciones pasadas”.

Para Lomnitz los recursos no son la única razón, también existen leyes contradictorias que hacen a los recintos culturales e históricos poco inaccesibles.

“Por ejemplo, la Ley de Patrimonio especifica que no podemos modificar edificios patrimoniales (como el Palacio de Bellas Artes) y por otro una ley que pide accesibilidad para las personas con discapacidad”, explica Lomnitz.

La respuesta a este problema, señala, es construir una respuesta neutra o un ajuste razonable, en la que se pueda brindar accesibilidad dentro de las posibilidades del inmueble, pero sin dañar la estructura del edificio patrimonial.

Indica que el Palacio de Bellas Artes no es el único con problemas de accesibilidad. Él tiene una lista de al menos 6 edificios que se encuentran en la misma situación, por ejemplo: el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, el Museo de Arte Carrillo Gil, Laboratorio Arte Alameda, Museo Mural Diego Rivera, la Escuela de Iniciación Artística Número 1, el Centro Cultural Ignacio Ramírez, El Nigromante y el Conservatorio Nacional.

“Si no puedes entrar al edificio, pues es difícil hablar de inclusión. La accesibilidad es un punto que hay que atacar, es un punto realmente muy complicado y muchas veces muy costoso y estamos en ello”, puntualizó.

Añadió que para dar respuesta a esto también están desarrollando otro tipo de eventos en los que ofrecen visitas guiadas a las personas, es decir, buscan acercar los encuentros culturales a todos aquellos que viven con alguna discapacidad.

Datos:

En el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2020, la secretaría de Cultura tiene asignados recursos por 13 mil 367 millones 480 mil 531 pesos, lo que significa aumento de 3.6% con respecto a los 12 mil 894 millones 90 mil 259 pesos que se aprobaron para el presupuesto en 2019.

La ley está de tu lado: 

El artículo 1 de la Constitución de México prohíbe “toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades…”.
Lo mismo pasa en los artículos 2, 3, 5, 9, y 30 de la Convención sobre los Derechos las Personas con Discapacidad y también de los que surgen tras esta Convención en la Ley General para la inclusión de las personas con discapacidad vigente.