Por Hilda Laura Vázquez Villanueva*

Mi nombre es Hilda Laura Vázquez Villanueva, tengo 48 años, soy casada, vivo únicamente con mi esposo que también es una persona con discapacidad visual, y la pandemia nos ha llevado a hacer algunas modificaciones en nuestra vida para enfrentarla.

No ha sido fácil. De hecho, considero que lograr la autosuficiencia de una pareja de personas con discapacidad no es fácil, pero es un propósito que nos planteamos desde que nos casamos hace 18 años y vivimos juntos. 

Como cualquier persona de nuestra edad y con nuestras necesidades, contamos afortunadamente con un trabajo. En mi caso, no es estable pero sí ha sido constante, imparto capacitaciones y asesorías en línea. Por una situación de salud ya lo hacía desde antes de enfrentar la pandemia, así que sólo el trabajo se incrementó.

Por supuesto que tiene sus dificultades y por qué no también ventajas. Mi trabajo algunas  veces da inicio a las ocho de la mañana, y termina a las nueve de la noche; en otras ocasiones, durante todo el día no tengo asesorías, pero siempre busco mantenerme activa. 

Sin embargo, a partir de enfrentar la pandemia ¿qué pasó? 

Se acabaron las idas al banco, las visitas y la convivencia familiar, se acabó el apoyo para realizar ciertas actividades cotidianas. Lo más difícil no fue dejar de recibir visitas y de convivir y hacer actividades que en ciertas circunstancias cuestan un poco más de trabajo, ¡lo más difícil ha sido enfrentarnos a un mundo digital inaccesible!

Algunos ejemplos: la educación se planteó totalmente en línea cuando las plataformas son inaccesibles, los materiales no toman en cuenta las necesidades de las personas con discapacidad y las personas docentes no tienen algún tipo de capacitación sobre la necesidad y el empleo de tecnologías de apoyo, dado que consideran que el hecho de que se tenga activo un lector de pantalla incomoda al resto del grupo.

Esto no lo enfrenté yo directamente, pero sí tuve que apoyar a concientizar a ciertos sectores en los que niñas, niños y adolescentes con discapacidad visual estaban incorporados, y se les estaba negando el acceso y la interacción por hacer uso de tecnologías de apoyo, como los lectores de pantalla, con el argumento de que cuando activan sus micrófonos o interactúan con el grupo, se escuchaba mucho su lector y esto le incomodaba al resto de quienes estaban participando en la clase. 

Por otra parte, qué decir de las aplicaciones de los bancos. Sólo una de ellas cuenta con criterios de accesibilidad, no voy a mencionar marcas ni nombres para no atacar ni descalificar a nadie, pero es indignante que los diferentes bancos no tomen en cuenta las necesidades de las personas con discapacidad visual, así como el uso de tecnologías de apoyo incorporadas en los diferentes dispositivos móviles o computadoras. Es de resaltar que ni sus páginas ni sus aplicaciones son accesibles.

Justo por eso, tuve que acudir personalmente una vez a una sucursal, porque no podía obtener ni siquiera por vía telefónica un estado de cuenta actualizado, con el argumento de que era un trámite que se podía hacer desde la página del banco. Cuando les dije que era una persona con discapacidad visual y que tanto su página como su aplicación no eran accesibles ni compatibles con mis tecnologías de apoyo, me dijeron que era muy raro que alguien como yo tuviera una cuenta en su banco y sobre todo que tuviera que sacar un estado de cuenta.

Les comenté que su página no era accesible  Y que por eso no podía realizar el trámite y me dijeron que por supuesto estaban abiertos a todas las personas que tuvieran cuenta en el banco. En fin, el concepto de accesibilidad ni siquiera figuraba en su cerebro. 

Por otro lado, ni qué decir de las farmacias, tampoco sus páginas son accesibles, y muchas empresas modificaron la atención telefónica que tenían para convertirla a una de atención totalmente en línea, a través de sus páginas o sus aplicaciones, que por supuesto no son accesibles. Insisto, no diré marcas, aunque se lo merecen, ya que es importante que consideren que somos clientes, que nos enfermamos, que consumimos medicamentos, pero que sobre todo tenemos el derecho a elegir dónde y qué comprar; no necesariamente medicamentos relacionados con la discapacidad, si recordamos que la discapacidad no es una enfermedad, pero ¡claro que tenemos necesidades que atender!

Con respecto a situaciones cotidianas, como surtir la despensa, también ha sido algo que se tuvo que ajustar. Las diferentes tiendas que brindan estos servicios de igual manera modificaron sus esquemas de atención y retiraron algunos servicios vía telefónica y todo lo tienes que hacer por diferentes páginas; de estas, algunas cuentan con ciertas medidas y criterios de accesibilidad, pero lo difícil también es a la hora de la entrega. Cuando se dan cuenta los repartidores que somos personas con discapacidad visual, muchas veces se niegan a verificarnos la entrega de los pedidos, porque no se quieren acercar o porque no quieren ingresar el pedido al departamento y dejar las cosas en la mesa. En fin, cosas que podrían parecer muy obvias por atención y derecho y que en ocasiones tenemos que exigir que se nos brinde el servicio de esa manera.

Pero no todo ha sido complicado o difícil. Justo por mi relación con la tecnología, ha sido muy divertido poco a poco enseñarle a mi familia a interactuar y hasta realizar celebraciones por videollamadas, particularmente a mi mamá, que ella es una persona adulta mayor y poco a poco se ha ido incorporando esta interacción tecnológica. Ya desde hace algunos meses es mucho más hábil con el WhatsApp y las videollamadas, y por supuesto con la aplicación Zoom, gracias a la cual también toma clases. 

Con respecto al apoyo visual cercano y sobre todo inmediato, echo mano de las aplicaciones que dan apoyo a través de videollamada y sobre todo de una aplicación que se llama Be My Eyes. Esta cuenta con una persona visual, que sabe que es una persona con discapacidad visual la que le está llamando para pedir algún apoyo específico. A la hora que sea, en el momento que yo lo necesite, puedo activar mi aplicación y recibir el apoyo para leer algún mensaje que esté en mi computadora y que yo no puedo leer, como alguna receta de medicamentos, y por qué no, hasta alguna receta para preparar algún platillo diferente incluida en mi recetario en tinta. 

Otras necesidades como comprar ropa y algunos otros artículos, tampoco han sido tan sencillas de resolver. Las grandes plataformas de venta por internet que ya estaban consolidadas, sí son accesibles. Y eso es fantástico porque me siento como si realmente pudiera estar en una tienda eligiendo los artículos, incluso, hay plataformas que hasta tienen descripción de sus imágenes, colores, en fin, todo para que uno pueda elegir a comodidad y gusto lo que necesite.  

Por último, y afortunadamente, los apoyos. Cuando son muy necesarios, sí podemos contar con ellos: algunas personas que están cerca de casa, en momentos realmente complicados, acuden a nuestro llamado, pero lo más importante es que todos y todas hemos aprendido a convivir con las medidas sanitarias y entendiendo que la mayor responsabilidad de nuestro cuidado y nuestras medidas de precaución es justo de nosotros. Por ello, es relevante que en diversos espacios se ha encontrado información en formatos accesibles, que podamos acudir a distintas alternativas para seguir sugerencias, y que seamos nosotros, las mismas personas con discapacidad visual, quienes nos hagamos conscientes y responsables de toda esta situación a la que como sociedad nos estamos enfrentando. 

*Hilda Laura Vázquez Villanueva es maestra y capacitadora en varios temas, entre ellos accesibilidad e inclusión laboral, que aborda en su canal de YouTube https://www.youtube.com/channel/UCOY2paYr6IMmgHj_KpT1r5g


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