Por María Luisa Fernández*

Confieso que hoy oscilo entre el desconcierto y el descrédito, ¡y mira que me esfuerzo por encontrar un espacio para la gratitud, entre las emociones que me asaltan! Y mira que me considero una persona agradecida… Siempre hay motivos para la gratitud, pero hoy por más que intento desprenderme de ella me puede esta extraña sensación de sentirme rara, diferente…

Es posible que otras madres compartan hoy conmigo y juntas sea más llevadero este “protagonismo” a nuestro pesar, que habla de cuánto queda por hacer; este día que me dedica un calendario que al tiempo que se empeña en etiquetarme sin pedir permiso,  también sin permiso me deja fuera del calendario de derechos.

¡Anda que no estará el año saturado de “días D”, que no hacen sino recordarnos la invisibilidad de los colectivos invisibles! Y resulta que también yo tengo mi propio “día D”, y es justo hoy, el Día del Cuidador. Hoy que vengo de defender alguno de los muchos derechos de mi hijo, agotada como siempre por la cosificación/clasificación que se hace de las personas con discapacidad.

Y sin ánimo de ofender ni competir yo pondría este día raro “del cuidador” en femenino, ya se sabe que la realidad es tozuda y en esto de cuidar las mujeres seguimos a la cabeza.

Y claro, yo ¡qué quieres que te diga!, me siento rara, desconcertada, porque no sé si quiero este “homenaje”, no sé si tengo que agradecer ser protagonista por un día de aquello que vivo todos los días desde hace tantos años.

Y no sé si esto significa que a partir de ahora la realidad cambiará para mí, para nosotras, o seguirá siendo mía, solo mía toda la responsabilidad que el título conlleva. No sé si correrán ríos de tinta con palabras que otros escribirán “pensando” en mí, pero sin mí.  No sé si será un día en que hablarán de mí y de lo que me conviene o si por fin se hablará seriamente de mis derechos, de mi futuro, con planteamientos serios que contemplen con respeto mi realidad como cuidadora real de mi hijo.

O simplemente seguirá siendo un día más pensado para acallar la conciencia de una sociedad que mira hacia otro lado, justificando su ausencia de compromiso, con esa pátina de sensibilidad transitoria tan de moda en un mundo movido por modas efímeras.

Y justo eso es lo que me desconcierta… Porque yo me reconozco cuidadora ¡vaya si lo soy! y no ansío reconocimientos. Lo que necesito es que se me reconozca como tal, no un día, no con flores ni frases que se marchitan con el día, sino con respeto, con gestos… ¡Sólo eso quiero!

Y si no es así, ¡gracias!, pero prefiero el silencio, al menos él no me miente.

Y  mientras llega el día en que no haya días “D”, mientras, todo mi cariño y mi respeto para cada una de las personas que como yo, cada día, todos los días cuidan de otros en silencio, por amor y con amor.

*Maria Luisa Fernández: Activista de los derechos de las personas con discapacidad en su España natal. Autora del libro “Mirada de ángel”, diario de una madre de un niño con autismo, de libre descarga aquí.


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